Preguntas Frecuentes

A pesar de que los abusos sexuales a los niños, niñas y adolescentes son un problema que afecta a una parte importante de la población, su reconocimiento y estudio es reciente. Existiendo mitos y dudas que dificultan la posibilidad de romper el silencio de las víctimas.

El Abuso Sexual

El abuso sexual es abuso de poder, que en el caso de los niños, niñas o adolescentes, se vale de la fragilidad y dependencia de esta epata de la vida.

 

Abuso sexual infantil es un proceso que va desde el acercamiento, la interacción abusiva y la imposición del secreto; donde un niño, niña o adolescente es involucrado en alguna actividad sexualizada por parte de un adulto o un niño más grande; pudiendo ser utilizado como objeto para estimulación sexual del agresor u observador; así como objeto para martirio sexualizado, para la gratificación perversa de un agresor.

 

El abuso sexual puede involucrar: Contacto físico directo, toque, besos, cariño, frotamiento, penetración bucal, de la vagina o ano, golpes o daño en zonas erógenas. Contacto físico indirecto: mediado por toque o introducción de objetos Exhibición, donde el abusador siente placer al mostrarse o mostrar material pornográfico a un niño, niña o adolescente; o al observar o filmar a un niño en conductas sexualizadas o sin ropa. Explotación sexual comercial infantil, donde un agresor involucra a un niño, niña o adolescente en una situación sexualizada, manipulando y utilizando la entrega de dinero, alimentos, favores o cuidados. Grooming, o “abuso sexual virtual”, donde el o los agresores (Groomer) utilizan la red para obtener imágenes y videos de menores de edad en actitudes sexualizadas, las que pueden ser distribuidas a través de la red o ser utilizadas para obligar a la víctima a acudir a un encuentro real.

Los abusadores no acostumbran a utilizar la fuerza física; sí, el juego, engaño, amenazas u otros métodos de manipulación para hacer que el niño participe y mantenga su silencio.

No.

El abuso sexual es transversal a todas las clases sociales. No hay razas, grupos étnicos, religiosos, ni clases sociales inmunes al fenómeno. Las manifestaciones pueden variar según contexto socioeconómico o cultural, pero ocurre indistintamente. Los abusos ocurridos en contextos de menores ingresos pueden llegar a ser más visibles, ya que están más expuestos al control de los sistemas institucionales.
La pobreza puede ser un factor de riesgo que expone al niño/a a una situación de mayor vulnerabilidad, por ejemplo, al existir situaciones de exclusión social, bajo nivel cultural de la familia y/o dependencia económica respecto de la figura del agresor. Pero también es importante reconocer que aquellos casos que ocurren en sectores más acomodados, pueden quedar invisibilizados y en absoluto silencio, en la medida que existe temor a ser expuestos al control o intervención de las instituciones, no querer perder cierto status o prestigio social, ser estigmatizados, etc.

Es importante considerar que los niños y niñas pueden tener estos problemas por otras razones, distintas a una agresión sexual, pero no menos complejas; por lo que, aunque no podemos asumir que el niño fue abusado, siempre es importante investigar.

En un niño o niña pequeño uno podría ver un juego traumático cuando recrean algunos aspectos de su experiencia. Cuando los niños o niñas desarrollan estos juegos, impresiona su postura y expresión, donde no se ve conexión emocional; no parece ser placentero; y, a pesar de los intentos de cambiar el juego, tienden a hacerlo de forma reiterada, compulsiva.

Por ejemplo, un juego donde un niño juega a que el ‘hombre malo’ lo persigue reiteradas veces.

El juego puede ser no ser específico al abuso sexual, con contenidos persecutorios y violentos; así como sexualizado, donde el niño o la niña iniciar un comportamiento sexual no apropiado para su edad, como simular entre niños o con objetos una relación sexual; o jugar con otro niño con contacto oral – genital.

El niño podría hablar que su cuerpo está ‘herido’ o ‘sucio’. Uno podría ver señales de estrés.

Podría observar asociado también un aumento en comportamientos de oposición o retiro, pataletas o pesadillas.

No.

Existen agresiones sexuales que se desarrollan en un único episodio; también existen agresiones que se repiten en varias ocasiones, o de forma crónica por períodos importantes en la vida de las personas.

Algunas víctimas infantiles presentan, como síntoma de daño, dificultad para establecer límites ante autoridades o relaciones violentas, aumentando el riesgo de ser objeto de nuevas agresiones por parte de otros.

Se define como “abuso sexual virtual”, ya que el agresor (Groomer) utiliza la red para obtener imágenes y videos de menores de edad en actitudes inapropiadas, las que pueden ser distribuidas a través de la red o ser utilizadas para obligar a la víctima a acudir a un encuentro real. En la ocurrencia de estos hechos contribuye el exceso de confianza que tienen los niños (as) y jóvenes para involucrarse en las redes sociales, la facilidad que entrega la tecnología para contactar a otras personas a través de juegos online, redes sociales y whatsapp, entre otros, junto al desconocimiento de los padres acerca de la protección de sus hijos en internet.

Estas personas construyen relaciones con niños, niñas o adolescentes haciéndose pasar por su amigo, indagando de forma previa información sobre su potencial víctima, para así intentar establecer la posibilidad que este niño hable.

Intentan descubrir la mayor cantidad de información posible sobre la familia del niños, niñas o adolescentes y su red social.

Es fácil para ellos encontrar a sus víctimas online, normalmente utilizan salas de conversación virtual, que están enfocadas en intereses de la víctima.

Comúnmente se hacen pasar por alguien más joven y hasta cambiar su género, suelen dar una descripción física falsa sin ninguna similitud con su apariencia real – algunos envían fotos de otras personas pretendiendo ser ellos. Los depredadores reúnen información de sus víctimas incluso en los perfiles de sus progenitores y familia extensa.

Cuando se comunican por internet, los jóvenes tienden a bajar la guarda y hablar de asuntos de forma más abierta de que lo harían si fuera una conversación cara a cara.

En chile desde el año 2011 el grooming es considerado un delito.

Si.

En Chile se sanciona como delito el que, sin realizar una acción sexual en los términos anteriores, para procurar su excitación sexual o la excitación sexual de otro, realizare acciones de significación sexual ante una persona menor de catorce años, la hiciere ver o escuchar material pornográfico o presenciar espectáculos del mismo carácter. Así como si, para el mismo fin de procurar su excitación sexual o la excitación sexual de otro, determinare a una persona menor de catorce años a realizar acciones de significación sexual delante suyo o de otro o a enviar, entregar o exhibir imágenes o grabaciones de su persona o de otro menor de 14 años de edad.

Que hacer

Enfrentarse a un relato de abuso sexual no es algo sencillo, tanto para la persona que lo cuenta, como para quien escucha.

En caso de que una persona se acerque a ti para contarte su experiencia de abuso, es importante que sepas que esto es un gesto de mucha valentía de su parte y que exige responder de manera respetuosa y comprometida. Mantén una actitud de acogida y escucha, generando un ambiente de protección y respeto. Evita preguntar demasiados detalles y no busques más información de la que te quieran contar.

Para la persona que cuenta su experiencia, este es el primer paso dentro un proceso de superación del abuso y debe ser debidamente acompañado por profesionales. Recomendamos que busquen apoyo psicosocial especializado, tanto para la persona que lo sufrió, como para ti. Enterarte de una cosa así puede ser algo doloroso, especialmente si eres su familiar, y también mereces recibir atención y cuidado. Podemos orientarte al respecto en nuestra fundación.

Cuando un niño, niña o adolescente muestre su intención de contarte sobre su experiencia, llévalo a un lugar cómodo y seguro donde puedan conversar sin ser interrumpidos.

Ten en cuenta que fue a ti a quien eligió para contarte lo que le ocurrió, por lo que no es necesario ir en búsqueda de alguien más. En este momento es fundamental proteger la intimidad del niño.

Te recomendamos no grabar ni sacar fotos a heridas o marcas que te puedan mostrar, ya que esto afecta la concentración y la confianza, además de que puede ser invasivo.

Cuídate de:

  • No manifestar tu propia angustia frente al relato con comentarios tales como “qué horror”, “qué terrible”, “pobre”, etc.
  • No regañar o hacer observaciones a la forma en que ocurrieron las cosas, tales como “te dije que no fueras solo”, “te dije que no te juntaras con esas personas”, “por qué no me dijiste antes”, etc; puesto que el niño, niña o adolescente no tuvo control sobre ninguna de ellas.
  • No criticar a los adultos significativos del niño, incluido el agresor, puesto que el silencio, en parte, es un método para proteger a la propia familia y esto puede motivar sentimientos de lealtad que causen un nuevo silenciamiento o incluso una retractación de lo que hayan contado. Ej: “¡¿Y tu mamá donde estaba?!”, “¿Cómo no hizo nada?”.

Al terminar el relato, pregúntale al niño si se lo ha contado a alguien más, consúltale amablemente por sus expectativas y dile que intentarás buscar apoyo para ayudarlo. Esto último te ayudará a dejar claro en que no puedes mantener en silencio lo que te dijo, y que es necesario evitar que estas cosas le sigan ocurriendo a él o ella.

Una vez haya terminado, escribe todo lo que te hayan contado usando los mismos términos, palabras, gestos y sensaciones que usó el niño, niña o adolescente. Esto puede ser muy útil para una posterior denuncia y para evitar que el niño tenga que volver a contar lo vivido más veces de lo necesario.

Si eres su adulto responsable y te cuentan lo sucedido inmediatamente después de que el abuso ocurrió, es importante dirigirse rápidamente a un centro asistencial de salud, sin lavar sus ropas ni su cuerpo, pues pueden encontrarse ahí restos que más adelante podrían ser útiles para la investigación de los hechos. Si no eres su adulto responsable, primero hay que llamarlos a ellos o sino a Carabineros antes de hacerlo.

Si eres funcionario de algún establecimiento de salud o educacional, activa los protocolos, informa al director del establecimiento para que levanten acta y se realicen las denuncias legales y administrativas correspondientes.

Cuando el supuesto agresor tiene contacto regular con otros menores de edad, un actuar rápido al hacer la denuncia puede evitar que haya nuevas víctimas, o ayudar a proteger a quienes se encuentren atrapados en una situación parecida.

En caso de que no hayas recibido un relato pero tengas sospechas serias de que hay un niño, niña o adolescente que puede estar siendo abusado, puedes llamar de forma anónima a la 48° Comisaría de Menores y la Familia (2 – 29224890). Necesitarás los datos de identificación del niño, dónde puede ubicarse y el lugar dónde está sufriendo la vulneración.

Según la Ley, hay ciertos profesionales que tienen el deber de hacer una denuncia si dentro del ejercicio de sus funciones toman conocimiento de un delito. Esta denuncia debe hacerse dentro de 24 horas de que se enteran de lo sucedido.

Entre ellos están todos los funcionarios públicos; los jefes y capitanes de medios de transporte y vehículos de aire, mar y tierra; los profesionales de la salud; y los profesionales de la educación de todo nivel, respecto de los delitos cometidos en contra de los alumnos, dentro o fuera del establecimiento. Éstos últimos incluyen a directores, inspectores, profesores, coordinadores y otros funcionarios.

En esta misma página podrás encontrar una guía de dónde hacer la denuncia. Si tienes dudas puedes llamarnos para entregarte más orientación sobre tu responsabilidad.

Generalmente las instituciones y en especial los establecimientos educacionales, cuentan con protocolos de actuación que se pueden activar en dos circunstancias: a) ante una sospecha de abuso sexual infantil debido a la observación de cambios de conductas significativos del estudiante o la recepción de comentarios o rumores; o b) si se trata de una certeza dada por la constatación de lesiones atribuible a una agresión o por la recepción de relatos de la víctima o de terceros.

Cualquier persona de la comunidad escolar puede recibir una develación y ésta será la responsable de poner todos los antecedentes recabados ante el director para que éste proceda a hacer la denuncia correspondiente dentro de 24 horas.

Sin embargo, se aconseja que el establecimiento intencione primero que la denuncia sea hecha por los padres o apoderados del alumno y sólo en el caso de que no lo hagan, asumir la responsabilidad de hacerlo dentro del término de 24 horas que señala la Ley.

Al llamar al adulto, recomendamos citarlo y conversar con él presencialmente. Es importante contenerlo y evaluar su reacción y disposición para asumir la situación en la forma en que ésta amerita. Si se observa que el adulto muestra incredulidad, normaliza la situación o culpabiliza al menor de edad, puede preverse una actitud negligente y habrá que evaluar la activación de otras redes de protección como la Oficina de Protección de Derechos comunal (OPD).

Investigar en profundidad o diagnosticar los hechos no es algo que corresponda a quien recibe el relato por parte del niño, niña o adolescente, pero sí lo es el realizar un registro escrito y reunir toda la información disponible, estar alertar, e informar al director o la autoridad del establecimiento para que haga la denuncia y las derivaciones que procedan a centros especializados.

Para la derivación del estudiante a un centro asistencial en caso de que éste presente señales o molestia física que haga sospechar que está siendo o haya sido víctima de maltrato o abuso sexual infantil, se aconseja comunicar inmediatamente al adulto responsable del niño y hacer la denuncia con los Carabineros de turno en el recinto de salud.

Si el delito se ha cometido dentro del establecimiento escolar por un profesor u otro adulto, es importante que el afectado reciba una adecuada atención psicosocial y el posible abusador sea aislado provisionalmente de los demás alumnos, antes de que la situación sea advertida a los apoderados.

En caso de que la sospecha de que el agresor sea otro alumno, es importante entregar apoyo psicosocial y activar las redes de protección respecto de ambos, ya que el supuesto abusador también podría estar siendo víctima de una transgresión. Recomendamos que en este escenario la denuncia se haga también ante el Tribunal de Familia competente (aquel que corresponde al domicilio de el o la alumna) para que adopte una medida de protección centrada en los niños.

Sugerimos siempre ser muy cuidadosos y evitar generar una situación de preocupación colectiva entre los demás padres del colegio.

Cualquier denuncia puede ser realizada directamente en las oficinas del Ministerio Público (Fiscalías), ante Carabineros, la Policía de Investigaciones o en cualquier Tribunal con competencia criminal. En caso de que estén involucrados menores de edad, recomendamos hacer la denuncia ante un Tribunal de Familia ya que éstos pueden adoptar medidas de protección centradas en los niños.

En estos casos, se registra la denuncia en un parte policial (contiene la hora, lugar y circunstancias de los hechos, identificación de denunciante, víctima y denunciado, si se conocen sus identidades) y se informa al fiscal de la forma más rápida posible, para que éste comience una investigación.

Carabineros

Si estás en Santiago, dirígete al cuartel de Carabineros más cercano. También puedes denunciar en la 48° Comisaría de Menores y Asuntos de la Familia (Dieciocho #268, Santiago, teléfono: +56 2 29224890) o en la 35° Comisaría de Delitos Sexuales (Av. Italia #1.100, Providencia. Teléfono: +56 2 29224860). Si estás en regiones, puedes ir a la comisaría más próxima a tu hogar. Otra forma de hacerlo es llamando gratuitamente al 132, al Fono Niños 147 o al Fono Familia 149.

Más información en: www.carabineros.cl en la sección “Teléfonos de cuarteles”.

Policía de Investigaciones (PDI)

Puedes acudir a la Brigada de Delitos Sexuales y Menores (BRISEXME) más cercana o llamar al 134. En la dirección www.policia.cl en la sección “Delitos contra la Familia”, luego “Brisexme” y “Regiones”, puedes encontrar el listado de direcciones y teléfonos de estas unidades a lo largo de todo Chile.

Fiscalías del Ministerio Público

En la Fiscalía más cercana. En el sitio www.fiscaliadechile.cl podrás encontrar más información sobre la oficina que te corresponde ingresando a la sección “Fiscalías” y escogiendo tu región. También puedes llamar al teléfono: 600 333 0000.

Servicio Médico Legal de Santiago

Atiende las 24 horas y realiza los exámenes médicos pertinentes. Se encuentra en Av. La Paz #1012, comuna de Independencia. Ahí mismo es posible realizar la denuncia, pues cuenta con personal de Carabineros e Investigaciones. También puedes llamar desde cualquier región de Chile al 800 800 006.

Tribunales del Crimen y de Familia

En Santiago, los Juzgados de Garantía y Tribunales Orales en lo Penal se encuentran ubicados en Av. Pedro Montt N°1606 comuna de Santiago (metro Rondizzoni). Por su parte, los Tribunales de Familia se encuentran en General Mackenna N°1477 comuna de Santiago (metro Santa Ana). Si te encuentras en regiones, puedes consultar por los datos de los Tribunales en http://www.pjud.cl/trib-primera-instancia.

En caso de que quieras denunciar un caso de abuso que involucre a un niño, niña o adolescente, te recomendamos hacerlo siempre ante un Tribunal de Familia, para que éste adopte medidas de protección en favor de el o los niños.

Información obtenida de www.amparoyjusticia.cl

Si en la calle o en algún espacio público es testigo de una situación de vulneración sexual que afecte a un menor de edad. Por ejemplo, si un adulto se acerca a un niño, niña o adolescente con insinuaciones, gestos o tocaciones sexualizadas (besos en la boca, roces en genitales o gestos sexuales).

Llame a Carabineros al 133.

Si teme que el niño, niña o adolescente pueda ser retenido y llevado a otro sitio por un agresor, evalúe la posibilidad e intente acercarse, mientras llega la policía; en caso contrario, observe e intente describir a la policía características del o los captores.

Sobre víctimas de abuso sexual infantil

Si.

La revelación tardía es muy común, y no es un reflejo de una mala relación de los padres con el hijo o hija.
El abuso sexual infantil es un proceso que incorpora la instalación del secreto. Es común que el niño, niña o adolescente se culpe, a pesar de la evidente asimetría de poder, por haber permitido la agresión, por no haber dicho que no o por las consecuencias de hablar y afectar a su familia (incluso por el dolor que pudieran sentir si saben lo ocurrido). Puede tener también miedo de ser castigado por el agresor o su familia, de que no lo crean o que el agresor dañe a alguien que quiere. Un niño puede sentir también vergüenza.
El promedio de edad de develación es a los 26 años.

Para los niños, niñas y adolescentes sus padres o cuidadores son muy importantes; el sentido de familia es un valor que siempre intentan resguardar, aún con su propio sacrificio. Muchas veces los niños dirán que no querían “hacer daño”, “hacer sufrir” “enojar” o “separ” a su familia.

Lamentablemente el abuso sexual infantil es muy frecuente. Todos los niños, por el hecho de requerir de otros para su cuidado y desarrollo son frágiles, lo que los vuelve vulnerables. Sin embargo, en algunas situaciones los niños pueden estar más expuestos. Los abusadores sexuales frecuentemente buscan niños que parecen más vulnerables y con menor probabilidad de hablar; como aquellos que lidian con retos emocionales, de desarrollo o físicos. Estudios sugieren que el abuso sexual a estos tipos de niños es mucho más frecuente.

Es así como se sabe que los niños, niñas y adolescentes con discapacidad tienen el doble de riesgo de sufrir algún tipo de agresión.

El abuso sexual afecta a niños y niñas de todas edades, aunque se conoce que el promedio de edad de ocurrencia es entre los 8 y 12 años de edad.

En chile en el año 2015 se recibieron 19.193 denuncias por delitos sexuales de las cuales 15.044 corresponden a víctimas menores de edad, lo que equivale al 78,39% de las denuncias. (Ministerio Público, 2015)

Si.

La piedra angular del abuso es el silenciamiento de las víctimas y del entorno.

El promedio de edad en que ocurren los abusos sexuales en entre los 8 y los 14 años de edad; mientras que el promedio de edad en que la mayoría de las víctimas recién reconocen que fueron agredidas a los 26 años.

Si.

Según encuestas de prevalencia de abuso sexual del Ministerio del Interior del año 2013, el 25% de las denuncias corresponde a víctimas varones.

Es importante destacar que no todos los niños niñas y adolescentes tienen las consecuencias que describiremos a continuación y que el impacto del abuso sexual está en gran parte determinado por el entorno del niño, la reacción de las personas cercanas y el apoyo que siente de parte de los demás. Así, si un niño, niña o adolescente cuenta con una red de apoyo de familiares, amigos y otros que lo contengan y le den protección, es más probable que cuente con mayores recursos para elaborar esta vivencia traumática.

Las consecuencias a corto plazo más comunes son ansiedad, miedos, fobias  y depresión. Es muy importante para los adultos captar las señales que dan los niños cuando se encuentran en estos estados. Usualmente, estos dan pistas y señales de que algo no anda bien y es el rol de los adultos poner atención a los niños. En casos más severos podrían aparecer conductas o ideas suicidas, las cuales podrían expresarse en juegos o en dibujos y representaciones, así como también en un marcado desgano y aislamiento. No es común que los niños verbalicen las ideas suicidas.

En términos de la conducta social, muchos niños se aíslan y disminuyen el tiempo de juego con amigos y cercanos. De igual modo, podrían aparecer dificultades en la escuela, baja de notas y algunos problemas de conducta, como conducta sexualizada (masturbación compulsiva, imitación de actos sexuales, uso de palabras de contenido sexual, curiosidad sexual excesiva, o conductas exhibicionistas), hostilidad, rabia, agresividad (que puede ser dirigida hacia otros, como compañeros, padres e incluso a mascotas y animales); sin embargo también puede existir introspección y/o sobreadaptación (dificultad para desarrollar actividades propias de la edad, sin atender a lo que un otro, generalmente adulto, esperaría de él).

En ocasiones, algunos niños pierden el control de los esfínteres (se hacen pipí o caca), tienen pesadillas, e incluso pueden aparecer quejas por dolores corporales (dolores de estómago, piernas, espalda, cabeza, etc).

A largo plazo, en algunos casos donde existen otros múltiples traumas y/o no se logra romper con el silencio impuesto y/o cuentan con poco soporte familiar; los niños, niñas o adolescentes pueden desarrollar trastornos a nivel vincular, depresión y/o cuadros  ansiosos. La habilidad de ellos de confiar a adultos para cuidarlos puede estar en riesgo.

No.

Los niños que reciben soporte, comprensión familiar y tratamiento efectivo pueden tener una mejor recuperación, buscar espacios de reparación y desarrollar proyectos vitales donde la vivencia traumática se elabora e integra.

La traumatización de la sexualidad no es igual a problemas de identidad sexual.

No existen estudios que correlacionen la existencia de agresión sexual con la orientación sexual de las personas. Muchas personas que fueron víctimas y que además son homosexuales, relatan que su orientación sexual fue utilizada por el agresor para manipularlas o silenciarlas; creándoles, además del sufrimiento por la agresión, vergüenza, culpabilidad y silencio. Esta creencia ha generado prejuicios inaceptables hacia personas de orientación sexual diversa, provocándoles mucho daño.

Los síntomas básicos de estrés postraumático son similares; sin embargo, al acercarse a la adolescencia, pueden descubrir que fueron agredidos y/o tener mayor claridad de lo inadecuado de la agresión sufrida (aún sin cuestionar al agresor); por lo cual es común que se sientan muy culpables por no haber podido controlar lo ocurrido, así como por las consecuencias que podría tener develar. De esta forma, muchos incrementan el silenciamiento, ahora más consciente de los abusos; lo cual puede incrementar los montos de ansiedad, vergüenza y angustia; por lo que pueden aparecer conductas de riesgo como abuso de substancias, autoagresiones, ideación e intento suicida.

Sin embargo, es importante recordar que, con el soporte de los padres, cuidadores y contexto, más el tratamiento oportuno, los adolescentes pueden evitar o superar estos problemas.

El abuso sexual infantil es un fenómeno multidimensional, es decir, tiene muchas aristas y, por lo tanto, el alcance de sus consecuencias es extenso. En ocasiones, dichas consecuencias se pueden expresar en espacios de la vida muy diferentes de la sexualidad o la intimidad; como en lo laboral, e incluso en lo económico. Además, la severidad de las consecuencias es muy variable y depende de muchos factores, como la cronicidad del abuso, la intensidad del mismo, el uso de violencia física, la relación con el agresor y la edad de comienzo.

En general la persona se percibe a sí mismo como culpable por lo ocurrido. Esto podría manifestarse en verse como alguien malo, sucio, indigno de cariño o de consideración. Afectando la confianza en sí mismo y en los otros.

No.

No todos los agresores sexuales fueron personas agredidas sexualmente. Muchos de ellos fueron víctima de maltrato físico o negligencia.

Muchas víctimas, cuando crecen y descubren los significados de las acciones a las que fueron sometidos, desarrollan fuertes sentimientos de vergüenza y temor ante el contacto físico con otros, en especial con personas a su cuidado, temerosos de dañar o importunar.

Existe un porcentaje importante de niños que son agredidos en etapa pre escolar.

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