¿Cómo se cuida la confianza en tu comunidad?
Once situaciones que pueden ocurrir en un colegio u otra comunidad que trabaja con niños, niñas y adolescentes. Elige lo que honestamente crees que ocurriría, o lo que ha ocurrido, en tu comunidad educativa.
Tus respuestas no se guardan ni se envían a nadie. Son 11 preguntas y toma unos 5 minutos.
Si sabes de un niño, niña o adolescente que está en riesgo ahora, no esperes al resultado: llama al 133 (Carabineros) o al 149 (Fono Familia). Si alguien piensa en quitarse la vida, la línea *4141 del Ministerio de Salud atiende gratis las 24 horas. Más números en Teléfonos.
Así responde tu comunidad
De once situaciones, tu comunidad respondió así:
- 0 Confianza lúcida: hay reglas conocidas, se puede hablar sin pruebas, los niños, niñas y adolescentes tienen voz y la comunidad aprende de lo que pasa.
- 0 Confianza ciega: se confía en las personas por quiénes son, no por reglas que todos conozcan, y preguntar se siente como deslealtad.
- 0 Desconfianza general: se sospecha de todos, se prohíbe o se expone, y los adultos se alejan del cuidado por temor.
En la mayoría de las situaciones tu comunidad tiene reglas conocidas, escucha sin exigir pruebas y da voz a los niños, niñas y adolescentes. Las situaciones donde respondiste otra cosa son las que quedan por trabajar.
En varias situaciones tu comunidad confía en las personas por quiénes son, y hablar de un problema puede sentirse como deslealtad. En ese ambiente el abuso puede ocurrir sin que nadie lo vea, o sin que nadie se atreva a decirlo.
En varias situaciones tu comunidad responde con sospecha, prohibiciones o exposición. Por temor, las personas adultas se alejan del cuidado, y los niños, niñas y adolescentes quedan con menos adultos que los protejan.
Tu comunidad responde de maneras distintas según la situación. Las situaciones donde la respuesta fue de confianza ciega o de desconfianza general son las primeras por trabajar.
Por dónde empezar
Una acción por cada situación en que la respuesta no fue de confianza lúcida.
- Propósito. Acordar por escrito que, ante un hecho que afecta a un niño, niña o adolescente, su protección va antes que la imagen de la comunidad.
- Poder. Fijar la regla de no quedarse a solas con un niño, niña o adolescente y darla a conocer a todos, también a las personas de más confianza.
- Justicia. Escribir en el protocolo quién recibe una sospecha cuando involucra a una autoridad y a quién se deriva.
- Comunicación. Designar a una persona que reciba inquietudes sin pedir pruebas, y que todos sepan quién es.
- Corporalidad. Acordar qué contacto físico corresponde al cuidado y enseñar a los niños, niñas y adolescentes que pueden decir que no.
- Señales. Que las personas adultas sepan reconocer señales de que algo le pasa a un niño, niña o adolescente, registrarlas y llevarlas a quien corresponde, sin interrogarlo.
- Familia. Formar a las personas adultas para recibir una develación que involucra a la familia: escuchar sin pedir detalles, no prometer secreto, no avisar primero a la familia y activar el protocolo.
- Compañeros mayores. Tener un protocolo para lo que ocurre entre estudiantes que proteja a quien fue dañado, denuncie cuando corresponde y trabaje también con quienes lo hicieron.
- Vecino. Que las personas adultas sepan qué hacer cuando un niño, niña o adolescente cuenta algo que ocurre fuera de la comunidad: agradecerle que lo contó y avisar a su familia y a quien corresponde.
- En línea. Conversar con niños, niñas, adolescentes y familias sobre el acoso en línea, y saber qué hacer: guardar los mensajes, avisar y denunciar, sin culpar a quien lo recibió.
- Salud mental. Que todos sepan qué hacer ante señales de riesgo suicida: preguntar directamente, no dejar sola a la persona y buscar ayuda de salud mental ese mismo día.
Esta muestra no es un diagnóstico ni una certificación. Para revisar a fondo tu comunidad, la Fundación acompaña a colegios y organizaciones.
