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Revista · diciembre de 2021 · Fundación para la Confianza

Revista Por un Mundo sin Abuso · Diciembre de 2021: 10 años de Fundación para la Confianza

Número de diciembre de 2021, dedicado a los diez años de la Fundación para la Confianza y al Día Internacional de las Personas con Discapacidad: testimonios, entrevista a la directora del Colegio Santa Lucía y notas sobre educación inclusiva y deporte.

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10 años de Fundación para la Confianza

Retrato de José Andrés Murillo, director ejecutivo de la Fundación para la Confianza.
José Andrés Murillo · Director ejecutivo, Fundación para la Confianza

Fundación para la Confianza cumplió 10 años en diciembre de 2020, y lo celebramos un año después. Ya es más de una década trabajando con los dos extremos de la humanidad. Por un lado con el mal, el daño, la tristeza de miles de personas que, durante su infancia, fueron utilizadas como objetos por quienes debían cuidarlas y protegerlas. Muchas de las personas que fueron víctimas vieron su vida transformada en un infierno y de la manera más injusta imaginable. El abuso y maltrato infantil, con que trabajamos, en prevención, intervención y acompañamiento a víctimas nos hace asomarnos al mal radical y nos entristece, nos da impotencia y rabia. Nos gustaría ser capaces de retroceder el tiempo y hacer que no vivieran lo que sufrieron, para tener la oportunidad de ser felices, oportunidad muchas veces arrebatada.

Pero al mismo tiempo, en ese mismo encuentro con el sufrimiento hemos visto crecer la resiliencia, la porfiada esperanza que también muchas veces golpea desde dentro para iluminar la vida de quienes fueron víctimas. El dolor por la injusticia sufrida se vuelve energía vital para luchar en contra del abuso, o empatía para comprender a otros que sufren y acompañarlos a levantarse, a reconstruir juntos y juntas un nuevo sentido de vida, de lucha, un renacer para cambiar el mundo. Y este proceso es tan impensable como hermoso.

Es cierto que no todos y todas quienes han sido víctimas han tenido la posibilidad de sobrevivir. Hay quienes no pudieron seguir con sus vidas, y los tenemos en nuestra memoria. Ese sufrimiento y memoria no pueden olvidarse y deben ser transformados en energía para trabajar y luchar con más fuerza, y con más sentido. Ese sufrimiento nos empujará a que durante las próximas décadas nadie sienta que no vale la pena seguir viviendo. Este es nuestro firme compromiso y también nuestra alegría de trabajar en Fundación para la Confianza.

José Andrés Murillo, director ejecutivo de la Fundación para la Confianza

¿Cómo sueñan un mundo para personas con discapacidad?

Testimonio de dos estudiantes del Liceo Industrial y de Minas Ignacio Domeyko

Héctor, segundo medio D

Aunque las ciudades estén adaptadas para el acceso de las personas con discapacidad, ellas quieren un trato igualitario, independiente de su situación, es decir, no les acomoda que les recuerden constantemente que tienen una discapacidad, si bien en ocasiones pueden necesitar ayuda, lo mejor es preguntarles si la desean, ya que a veces son bastante autosuficientes, lo que en ocasiones los hace sentir incómodos al no considerar su opinión sobre la situación. En muchas ocasiones, los consideran desde las limitaciones o lo que NO son capaces de hacer, siendo que pueden tener desarrolladas diferentes habilidades que les permiten participar de forma activa en diferentes ámbitos como social, familia, laboral, educativo, etc.

En conclusión, las personas con discapacidad son más autosuficientes de lo que creemos, no hay que crear suposiciones de lo que quieren o necesitan sino más bien preguntarles directamente si requieren algún apoyo, como podríamos necesitarlo cualquiera de nosotros.

Martín, segundo medio A

Yo sueño con que a las personas no las traten como si fueran algo extraño y que las comenzaran a tratar como lo que son y son PERSONAS. Muchos intentan “ayudar” y lo hacen de buena voluntad, pero ellos no saben cómo se sienten después estas personas, a veces se pueden sentir mal o como una carga cuando no es así. Hay miles de personas con discapacidad y muchas son independientes y quizás no necesitan la ayuda que se les otorga, por ejemplo, yo tengo un amigo de 19 años que después de un accidente lastimosamente perdió sus 2 piernas pero a él le gusta que le traten como una persona normal y ahora se toma lo que le pasó con humor y sigue con su vida normal antes del accidente, puede conducir, tiene su trabajo, pero no puede volver a jugar fútbol, sin embargo, él está entrenando a niños más pequeños y sigue haciendo lo que le gusta.

Algo también que les afecta es que en las ciudades o edificios aún no están preparados para personas con cierta discapacidad, pero son cosas que son mucho más fáciles de solucionar. A ellos les afecta más que la gente los llamen “Personas con capacidades diferentes” porque no lo son y hay que empezar a tratarlos simplemente como personas. Sé que esto es lo que dije antes, pero lo repito porque la gente debe aprender que cuando esas personas necesiten ayuda la van a pedir como lo haría cualquiera de nosotros.

Hay que cambiar la mentalidad que existe en esta sociedad, y no lo digo solo yo, lo dicen las personas con discapacidad y la gente cercana a ellos, necesitamos un cambio.

Fundación para la Confianza: 10 años de historia contra el abuso infantil

Noticias de la Fundación para la Confianza · Por Josefina Barros

Este mes se conmemoran 11 años desde el comienzo de la Fundación para la Confianza, junto con el lanzamiento del libro que recopila el camino recorrido en esta primera década.

En este periodo se han logrado hacer visibles los derechos de niños, niñas y adolescentes formando parte de un movimiento que ha evidenciado una realidad que solía estar oculta, como el abuso, el acoso sexual, y el abandono.

Para conocer a fondo cómo ha sido este viaje, conversamos con nuestro director ejecutivo y fundador de la fundación, José Andrés Murillo, quien enfatizó en que el enfoque de la organización siempre ha sido que la confianza sea un factor de fortalecimiento para la comunidad y no un riesgo o señal de vulnerabilidad. Es por ello, que en estos 11 años, uno de los hitos más importantes es la publicación del libro Confianza Lúcida.

Entre otros proyectos importantes, para Murillo la creación de grupos de ayuda mutua ha sido un proceso clave para que las personas se encuentren y entre ellas mismas puedan apoyarse. Esto permite que cada una de ellas se sienta valiosa.

Además, menciona que el resurgimiento de Línea Libre ha resultado fundamental para establecer una relación directa y otorgar ayuda inmediata a niños, niñas y adolescentes. Actualmente se atienden casi 2 mil contactos mensuales.

Por otra parte, la creación del Observatorio Para la Confianza, que cuenta con un equipo profesional que fiscaliza lo que ocurre con la niñez bajo protección del Estado, ha permitido lograr cambios investigando y visibilizando el trato que reciben. Respecto a lo anterior Murillo señaló que “Muchas veces estos niños y niñas son olvidados y eso ha sido doloroso. Debemos buscar metodologías de investigación para lograr cambios y transformaciones en la forma en que el Estado los y las trata”.

Además de las dificultades para realizar este trabajo de manera sustentable, para Murillo el verdadero desafío es trabajar con el dolor humano provocado por los adultos. “En ocasiones esta situación resulta incomprensible y difícil de sobrellevar” explicó. Sin embargo, agrega que estas situaciones se superan gracias al pensamiento reconfortante de que una persona víctima de abuso sí logra salir adelante. “La fragilidad nos ha ayudado a ser más fuertes, trabajamos desde la fragilidad por el bienestar de niños, niñas y adolescentes, por sus derechos” manifestó Murillo, agradeciendo que esta situación los hace caminar sobre la tierra otorgándoles claridad respecto a sus objetivos.

Uno de los grandes desafíos de Fundación para la Confianza es fortalecer los espacios de reparación de manera que sean accesibles para todas las personas que alguna vez han sido víctimas. A su vez es importante garantizar que la infancia es un criterio de bienestar. “Transformar nuestro país en el mejor lugar para que los niños crezcan, es algo que la sociedad civil puede lograr, sin embargo, necesitamos que la política y los privados se comprometan” enfatizó.

Para nuestro director ejecutivo la publicación y creación del libro de los 10 años significa reconocer el camino y consignar la historia para tener claro a dónde queremos llegar como Fundación para la Confianza.

Daniela Osorio, directora del Colegio Santa Lucía: “Hoy existe una sociedad que plantea bajas expectativas sobre la niñez con discapacidad visual y eso influye mucho en el autoestima”

Entrevista · Por Joaquín Mansilla

Fundación Luz es una organización enfocada en educar y capacitar a la población ciega y con baja visión, de tal manera que puedan adquirir competencias y autonomía en el aspecto personal, social, educativo y laboral, permitiéndoles incluirse como ciudadanos activos.

Retrato de Daniela Osorio, de cabello largo y oscuro, con blusa negra y collar.
Daniela Osorio, directora del Colegio de Ciegos Santa Lucía.

Este 3 de diciembre se conmemoró el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. En Chile, más de 850 mil personas tienen algún tipo de discapacidad visual, por lo que como fundación consideramos importante conocer cómo se desarrolla la niñez y adolescencia desde aquella realidad. Daniela Osorio, Directora del Colegio de Santa Lucía de La Cisterna de la Fundación Luz, nos acompañó en esta tarea.

A la sociedad en general le impacta de sobremanera la discapacidad visual en la niñez. Daniela Osorio comenta que se ve enfrentada diariamente a comentarios inapropiados como “pobrecito” o “que Dios los bendiga porque son especiales”. “De repente, la gente habla como si los niños no estuvieran presentes por el simple hecho de tener discapacidad visual. Los niños y niñas tienden a pensar que quienes están a su alrededor no se dan cuenta de sus capacidades y de lo que podrían lograr. Entonces, hoy existe una sociedad que plantea bajas expectativas sobre la niñez con discapacidad visual y eso influye mucho en el autoestima”, enfatizó la directora.

Desde la vereda de las y los mismos educadores, Osorio destaca que también es muy importante que el profesorado se actualice en cuanto a la noción y los aspectos metodológicos para trabajar con la niñez y adolescencia con discapacidad visual: “Los educadores también deben capacitarse. A veces usan conceptos muy antiguos o tienen prejuicios como que los niños deben tener algún talento desarrollado o un sentido que resalta por sobre otro”, tal como lo indica Daniela, eso forma parte de una amplia gama de neuromitos.

El Colegio Santa Lucía es uno de los proyectos más importantes de Fundación Luz, la que ha desarrollado una metodología completa y basada en la consideración de todos los aspectos de la vida de un niño o niña con discapacidad visual. Daniela Osorio destacó que “Fundación Luz, desde la atención temprana, se encarga de recibir a la familia en un ambiente de contención y de mucha información”.

En relación a esto, Osorio hace énfasis en que trabajar con las familias también es una tarea compleja que requiere el estudio y aplicación constante de metodologías. “Hay familias sobre exigentes o por el contrario, extremadamente sobreprotectoras. Eso afecta profundamente, por ejemplo, la autonomía física y mental del niño o la niña. Por lo demás, es muy importante el acompañamiento psicológico permanente”, menciona la profesional.

“Si no hubiese salido la ley de inclusión, estaríamos en las mismas condiciones de antes.”

De todas maneras, a pesar de que Fundación Luz promueve la metodología en pos de lograr la autonomía y la inclusión efectiva, es decir, que sean las personas con discapacidad quienes se adapten a la sociedad, no es menos cierto que esto requiere de empuje legislativo. “Si no hubiese salido la ley de inclusión, estaríamos en las mismas condiciones de antes y hoy hay que entender que hay derechos que no se pueden pasar por alto”, concluye Osorio.

Educación inclusiva: la necesidad de un cambio

Actualidad · Por Josefina Barros

Uno de los avances más necesarios como sociedad es la inclusión a la educación de personas con discapacidad, para ello se necesitan tanto nuevas políticas como cambios estructurales en el sistema educativo.

Este mes la importancia y propósito del PIE, Programa de Integración Escolar, han sido cuestionados, iniciando un debate sobre lo que se necesita para lograr mayor inclusión hacia las personas en situación de discapacidad cognitiva desde su infancia.

Para ahondar en este tema conversamos con María Cristina Radbil, directora de la Fundación Pro-Mueve, y Florencia Ituarte integrante de la misma ONG. Respecto al Programa de Integración Escolar (PIE) desde la fundación comentaron sobre su funcionamiento en algunos establecimientos: “Hoy día los colegios están funcionando con el PIE y eso hace que los niños con algunas necesidades especiales de educación, temporales o definitivas, participen del tema escolar”, aclaró Radbil.

Sin embargo, la directora de la ONG también resaltó la necesidad de ir más allá de lo que este programa propone. “Cuando hablamos de integración el niño está dentro de la sala de clases pero va sólo algunas horas o está presente algunas horas y otras no”, señaló Radbil poniendo énfasis en que el objetivo debe ser la inclusión.

“En rigor, lo que debería pasar es hacer la clase y que todos los que están dentro de la sala aprendan. Eso significa tener una metodología para todos y evaluaciones para todos”, además agregó que es complicado lograr la inclusión cuando hay sólo una persona a cargo de una sala. Por ello, a veces aunque los colegios cuentan con un programa de inclusión en el preescolar, cuando el niño o niña comienza la educación básica ya no es posible seguir implementándolo.

“En Chile existen las escuelas de necesidades especiales, entonces también hay un debate. ¿Qué es lo correcto? ¿Qué todas las personas tengan un espacio para escolarizarse o que las escuelas tradicionales sean más inclusivas?”, planteó Florencia Ituarte.

Para Radbil Chile no está avanzando lo suficiente, sin embargo ahora algunos colegios señalan estar camino a la inclusión, llevando a cabo una integración más responsable. Por otra parte, agregó que la Ley de Inclusión laboral ha sido una buena herramienta para dar visibilidad a la discapacidad generando puestos de trabajo, por lo que en consecuencia las universidades y colegios tendrán que enfocarse en una educación que pueda cubrir esos puestos de trabajo.

Como sociedad, avanzar en la búsqueda de mejoras para esta problemática es primordial. María Cristina Radbil explicó que quienes sufren de alguna discapacidad cognitiva a futuro son personas que están en sus casas y que pierden su derecho de pertenecer a esta sociedad. Añadió también que, durante la infancia pierden la capacidad de relacionarse y aprender de las interacciones con otros niños y niñas.

“Desde la discapacidad se pueden hacer muchísimas cosas, pero lo más importante es la visibilización, la dignidad, el derecho a vivir una vida digna, y ellos no la tienen.” Florencia Ituarte

“Nosotros siempre pensamos que desde la discapacidad hay que entrar al mundo real, y la verdad es al revés. Desde la discapacidad se pueden hacer muchísimas cosas, pero lo más importante es la visibilización, la dignidad, el derecho a vivir una vida digna, y ellos no la tienen”, concluyó Ituarte.

Radbil e Ituarte recalcan que las personas con discapacidad nacen luchando, pero no se les abren las puertas. Ambas concuerdan en que no existe la información necesaria sobre este tema y recién cuando se convive con una persona en situación de discapacidad se logra ver de manera empática. Por eso, el reto es evolucionar a una sociedad por y para todos y todas.

Olimpiadas Especiales: el deporte como medio de inclusión para las personas con discapacidad intelectual

Actualidad · Por Diana Bernal Allendes

La ONG se ha centrado por más de 50 años en potenciar a través del entrenamiento y competiciones las habilidades de atletas en situación de discapacidad cognitiva, con el fin de inculcar valores y generar espacios inclusivos.

  • 5 millonesde atletas de Olimpiadas Especiales, en 192 países
  • 1 de 5hogares en Chile convive con una persona con algún tipo de discapacidad
  • 850 milpersonas en Chile tienen algún tipo de discapacidad visual
Cifras citadas en las notas de este número: Olimpiadas Especiales y Colegio Santa Lucía.

Hace poco más de 10 años, Olimpiadas Especiales llegó a Chile con la misión de apoyar por medio del deporte a niños, niñas, adolescentes y adultos con discapacidad intelectual. La organización que hoy está conformada por cinco millones de atletas de 192 países, nació de los ideales de Eunice Kennedy, quien creía que el deporte podía unir y entregar las mismas experiencias a todas las personas.

Kennedy notó la destreza deportiva de su hermana Rosemary y la falta de oportunidades que vivenciaba por su discapacidad intelectual. Es así como en 1962 creó un campamento de verano en el patio de su casa para que niños y jóvenes como Rosemary exploraran sus habilidades. Años más tarde organizó los primeros Juegos Internacionales de Verano de Olimpiadas Especiales en el estadio Soldier Field de Chicago, iniciando así una lucha que se extendió por todo el mundo.

La presidenta de Olimpiadas Especiales Chile, Carolina Picasso, señala que para la ONG el deporte es muy potente para generar inclusión, por ello, lo utilizan como una herramienta de desarrollo personal. “Entrega competencias como la disciplina, el aprender a trabajar en equipo y respetar las posiciones. Pero también genera amor propio y fortaleza cuando con entrenamiento se logran los objetivos que se proponen”, detalla.

Picasso explica que el deporte permite que personas con y sin discapacidad interactúen en los mismos equipos, lo que ayuda a romper las creencias y barreras sociales respecto a sus capacidades. De hecho, este mecanismo de trabajo, al que llaman programa de deportes unificados, se incorporó en cinco de las siete disciplinas: fútbol, tenis, básquetbol, snowboard y esquí. Las otras corresponden a atletismo y equitación.

“Buscamos que eso que podamos desarrollar dentro de la cancha se replique luego fuera de ella, y así avanzar más rápido y más lejos, como decimos nosotros, hacia la sociedad inclusiva con la que soñamos”, cuenta la representante de la ONG. Además, agrega que la modalidad unificada es precisa para aprender y tomar conciencia sobre la discapacidad, considerando que en Chile uno de cada cinco hogares convive con una persona con algún tipo de discapacidad.

El trabajo con niños, niñas y adolescentes en Olimpiadas Especiales es clave, su presidenta recalca que intentan inculcar la valoración de la diversidad y su derecho a ser incluidos en la sociedad. Asimismo, comenta que el objetivo es lograr que “alcancen su máximo potencial a través del deporte, para que luego ese potencial pueda transformarse en liderazgo de sus propias vidas y de sus entornos”.

Picasso comenta que quizás se da por sentado que todos pueden hacer deporte, cuando en realidad es una actividad que no es de fácil acceso para niños, jóvenes e incluso adultos con discapacidad intelectual. Es por eso que los atletas de Olimpiadas Especiales aprovechan cada instancia al máximo: “llegan en llamas al salir de sus escuelas para venir a competir, porque definitivamente no son muchas las oportunidades”, relata.

Si bien se ha progresado bastante en la inclusión de personas con discapacidad cognitiva, Picasso admite que aún queda mucho por avanzar. “Creo que tomar conciencia de que cada uno de nosotros es responsable de disminuir la discapacidad es el primer paso, porque las barreras las ponemos nosotros”, barreras que tienen que ver con no hacer adecuaciones para acomodar las limitaciones de estas personas, concluye.

Testimonios de 10 años de nuestra historia

Tarjetas de Línea Libre y Fundación para la Confianza

“Nadie quisiera que un niño pasara por una situación así, ni un niño, ni una niña, ni nadie, pero son cosas que existen y hay que abrir los ojos y entender que no es algo que está tan lejano a la realidad.”

Carolina Reyes, directora del Jardín Castorcitos

“En ciertas llamadas es el silencio el que ocupa un lugar preponderante, convirtiéndose en un telón de fondo para lo que estamos a punto de escuchar: No aguanto más.”

Diego Riveros, psicólogo y coordinador de Línea Libre

“El darme cuenta de que hay demasiadas, miles de personas que han vivido lo mismo que tú, fue muy impactante, pero también fue muy reconfortante saber que había ayudado, que el reportaje había animado a personas a destapar sus propios casos de abuso.”

Elisa García Huidobro, testimonio personal

“Nos dimos cuenta de que teníamos que ver qué estaba pasando en las relaciones de los alumnos y alumnas, en el ámbito afectivo sexual de nuestros estudiantes, y quedó en evidencia un fenómeno que nos hablaba de relaciones tóxicas abusivas. Ahí fue cuando dijimos: ‘necesitamos formarnos en esto, necesitamos hacer algo’.”

Juan Roberto Rantul, director del Colegio San Mateo

“La primera vez que el colegio de mi hija le asignó un profesor, me descompuse y me dio una angustia muy grande. Fue la primera vez que barajé la opción de compartir mi historia y pedir apoyo, porque en ese momento mi hija tenía la misma edad que yo tuve cuando comencé a ser abusada. Lo hice convencida de que mi secreto era más dañino que útil.”

Estefanía Milla-Morena, testimonio personal

“El equipo de Fundación para la Confianza se enfrenta a diario con el dolor, el abandono, la injusticia y el trauma. Muchas de nuestras jornadas comienzan con un llamado de una persona que ha pasado días, semanas y meses juntando la fuerza necesaria para pedir ayuda.”

Valentina Correa, directora de Proyectos

Sobre esta edición. Versión web de la revista Por un Mundo sin Abuso de diciembre de 2021, publicada en PDF por la Fundación para la Confianza, con las erratas corregidas y un gráfico que resume cifras del número. La portada trae el número 19; corresponde al 18. Las cifras corresponden a la fecha de la revista. La Línea Libre que se menciona en este número está hoy suspendida. Descargar el PDF original

Equipo editorial. José Andrés Murillo, director. Verónica Uzcátegui, editora jefe. Joaquín Mansilla, Héctor Espinoza, Josefina Barros y Diana Bernal, colaboradores. Cristhian Sotomayor, diseño gráfico y diagramación.