Explorar la ayuda
Desde dónde trabajamos
La Fundación Para la Confianza entiende el abuso sexual infantil como abuso de poder y trabaja para que los espacios donde viven niños, niñas y adolescentes sean contextos protectores. A ese enfoque lo llamamos confianza lúcida.
El abuso como abuso de poder
El abuso sexual infantil es una forma extrema de abuso de poder. Ocurre en una relación abusiva dentro de un contexto abusivo, que tiene tres componentes:
- una asimetría de poder, que puede venir de la edad, la fuerza, la jerarquía, la autoridad religiosa, la dependencia afectiva o económica, el conocimiento y muchas otras fuentes;
- la vulnerabilidad que esa asimetría produce;
- alguien que aprovecha esa vulnerabilidad después de traspasar, de a poco, los límites de la otra persona.
Las diferencias de poder no son por sí mismas abuso: en una relación de cuidado, quien tiene más poder tiene mayor responsabilidad. La prevención exige que los adultos y las instituciones respondan por las condiciones en que viven niños, niñas y adolescentes.
Nuestra definición
El abuso sexual infantil es todo acto y proceso de actos en que se expone o involucra a un niño, niña o adolescente en cualquier actividad sexualizada, utilizando la asimetría que da la autoridad, la confianza, la dependencia (afectiva, social o económica), el poder, la fuerza, el miedo, la cultura, la capacidad comprensiva, la necesidad u otras vulnerabilidades, manipulando, confundiendo, eliminando o viciando el consentimiento. Tanto las acciones, tácticas y estrategias de preparación de estos actos (grooming presencial u online) como las de silenciamiento y desprestigio de la víctima y su entorno constituyen también parte del proceso del abuso sexual.
Esta definición va más allá de las categorías del Código Penal. Sirve para prevenir y para acompañar, y tiene tres consecuencias:
- El abuso es un proceso. Empieza antes del contacto sexual, con regalos, secretos, favoritismo y límites que se cruzan de a poco. Sigue después, cuando se hace callar a la víctima o se la desacredita. Lo que una familia o una escuela puede detectar son esas etapas tempranas.
- El abuso de poder puede manipular, confundir o viciar el consentimiento. Que un niño, niña o adolescente no se resista o no diga nada no significa que consintió.
- También hay abuso entre niños, niñas o adolescentes. Lo que distingue el abuso de la exploración propia de la edad es la asimetría, la coerción y el secreto impuesto.
Niños, niñas y adolescentes como sujetos con derechos
Tienen derecho al cuidado, a ser escuchados, a que se respete su intimidad y a participar en las decisiones que les afectan. No deben ganarse la protección con obediencia, silencio o una manera determinada de contar lo que les ocurrió.
La autonomía se desarrolla progresivamente. Los adultos deben acompañar el pensamiento crítico, el cuidado de otras personas y el reconocimiento de límites propios y ajenos. Aprender sobre el cuerpo forma parte de ese proceso, dentro de un contexto donde se pueda acudir a alguien que escuche y actúe.
Formas de la confianza
| Cómo se reconoce | Qué produce | |
|---|---|---|
| Confianza ciega | «Aquí eso no pasa». «Lo conozco hace veinte años». «Los niños inventan». Se cuida más evitar una denuncia que proteger | Quien abusa cuenta con que nadie va a mirar |
| Desconfianza total | Nadie es confiable, todos son sospechosos, un abrazo es un riesgo, no se puede pedir ayuda | No se distinguen los riesgos reales y la relación de cuidado se rompe |
| Confianza lúcida | Los límites están dichos, quien tiene más poder rinde cuentas, se puede hablar sin ser castigado | Un contexto donde es posible ver, contar y proteger |
La confianza ciega y la desconfianza total parecen opuestas, pero las dos nacen del miedo y ninguna de las dos crea un contexto protector.
La confianza lúcida
Lucidez viene de lux, luz. Una relación es lúcida cuando se puede contar a otros sin producir vergüenza ni escándalo, cuando sus límites están dichos y se pueden discutir, y cuando quien tiene más poder rinde cuentas de cómo lo usa. La confianza lúcida no elimina el riesgo, porque confiar siempre supone exponerse; lo hace visible y lo pone bajo cuidado. Tiene nueve elementos:
- Justicia. Se cumplen la ley, los acuerdos y los protocolos.
- Claridad. Los roles, las tareas y las condiciones son claros, sin letra chica.
- Límites. El límite es la condición del encuentro con otra persona.
- Reconocimiento. Escuchar, validar y respetar la dignidad de cada persona.
- Comunicación. Aceptar que el mundo es compartido y se ve desde distintos puntos de vista.
- Cuidado de la fragilidad. Hacerse cargo de que somos vulnerables y no aprovecharlo.
- Aceptación de la crisis. Toda relación y toda institución pueden entrar en crisis; prepararse para eso y aceptar la crítica evita la violencia.
- Integración de la corporalidad. El cuerpo tiene nombre y lugar; negarlo produce disociación.
- Valentía. Confiar sin exigir una seguridad blindada, que en realidad impide el encuentro.
El concepto viene del libro Confianza lúcida (2012), que puedes descargar en la biblioteca.
Del contexto abusivo al contexto protector
| En un contexto abusivo hay | En un contexto protector hay |
|---|---|
| Jerarquía sin control | Autoridad con sentido |
| Obediencia ciega | Un tercero que hace justicia |
| Silencio | Palabra |
| Desprecio | Reconocimiento |
| Dogmatismo | Pensamiento crítico |
| Sometimiento | Libertad |
| Disociación | Integración |
| Manipulación y agresión | Ética |
| Ausencia de límites | Límites validados |
| Improvisación | Protocolos |
| Derechos no reconocidos | Derechos reconocidos |
El tercero
En casi todo abuso hay, además de quien lo comete y de la víctima, otras personas que saben algo o podrían llegar a saberlo: familiares, docentes, amistades, vecinos. Las llamamos terceros. La responsabilidad del abuso es de quien lo comete. Lo que está en manos de un tercero es otra cosa: creerle a la víctima, no dejarla sola y pedir ayuda a quien puede protegerla, con una consulta, una medida de protección o una denuncia. No le corresponde investigar ni enfrentar a quien abusa, porque eso puede aumentar el riesgo. Muchas personas no reconocieron las señales o no supieron qué hacer en su momento; desde ahora pueden actuar. Si estás leyendo esto porque te preocupa alguien, estás en ese lugar. Qué hacer.
El silenciamiento
Callar no es una decisión libre. Lo producen fuerzas que se refuerzan entre sí: el miedo, la culpa que quien abusó traspasó a la víctima, la vergüenza, la desconfianza, la dependencia, el secreto impuesto y, a veces, una memoria que llega en fragmentos. En Chile, cuatro de cada diez víctimas nunca se lo contaron a nadie y menos de una de cada diez llegó a denunciar.1 A esto lo llamamos silenciamiento. Contar es cruzar un primer umbral; denunciar, uno distinto. Los dos merecen acompañamiento.
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Encuesta Nacional de Adversidades Tempranas 2021 (CUIDA UC y Fundación Para la Confianza), Estudio 8: nunca contó a nadie, 39,1 %; llegó a denuncia formal, 8,8 %. La encuesta abarca abusos ocurridos desde los años setenta. ↩
