Explorar la ayuda
Tienes derecho a que te cuiden
Esta página es para niños y niñas de 8 a 12 años.
Las personas adultas tienen la responsabilidad de cuidarte y protegerte del abuso. Tú tienes derecho a jugar, aprender, hacer preguntas y recibir ayuda.
Si alguien te ha hecho daño, no es tu culpa. No tenías que saber cómo evitarlo. Aunque no hayas dicho «no», aunque quieras a esa persona o aunque no se lo hayas contado a nadie, tienes derecho a que te cuiden.
Personas a quienes acudir
Puedes hablar con una persona adulta que te escuche y te trate con respeto. Puede ser alguien de tu familia, una profesora, un profesor o alguien del equipo de tu escuela.
Puedes decirle «necesito ayuda», escribirle o pedirle que converse contigo. No necesitas saber si lo que pasó se llama abuso ni tener las palabras exactas.
A esa persona le corresponde escucharte, tomar en serio lo que cuentas y buscar ayuda para protegerte. Debe explicarte qué va a hacer y escuchar lo que tú necesitas.
Si una persona no te escucha o no te ayuda, está fallando en su responsabilidad. Puedes acudir a otra persona o usar los contactos de esta página. No tienes que resolverlo por tu cuenta.
Tu cuerpo merece respeto
Tienes derecho a que respeten tu cuerpo y tu intimidad. Puedes expresar que no quieres un beso, un abrazo o un contacto. Los adultos deben respetar tus límites.
Cuando necesitas cuidados, tienen que explicarte lo que van a hacer y escuchar tus preguntas. Si algo te preocupa, puedes pedir ayuda aunque alguien te haya pedido guardar silencio, te haya dado un regalo o te diga que es un juego.
Tu opinión cuenta
Puedes preguntar por qué, decir lo que piensas y hablar de algo que no entiendes. Mereces que te escuchen sin burlarse ni castigarte por pedir ayuda.
Aprendemos poco a poco a confiar en las personas que nos cuidan y respetan. También aprendemos a escuchar a otras personas y a respetar su cuerpo, sus ideas y sus límites. Los adultos deben acompañarnos en ese aprendizaje.
Contactos para pedir ayuda
Puedes llamar al 147, Fono Niños de Carabineros o escribirle a la Defensoría de la Niñez.
Un adulto también puede escribir a la Fundación para pedir orientación sobre cómo cuidarte.
