Explorar la ayuda
Señales
Las señales ayudan a mirar con atención. No sirven para concluir por tu cuenta si hubo abuso: eso lo investiga la justicia.
Antes de leer: ninguna señal aislada prueba un abuso, y que no haya señales no lo descarta. Muchas de estas conductas aparecen también por un divorcio, un duelo o problemas en el colegio. Varias señales juntas, o una que aparece de golpe, son motivo para conversar y pedir orientación.
En el niño, niña o adolescente
Cambios en el ánimo y la conducta
- Cambios bruscos: aislamiento, tristeza, llanto, irritabilidad.
- Miedo o rechazo a ir a ciertos lugares o a estar con ciertas personas, o a volver a la casa.
- Baja repentina en el colegio.
- Pesadillas, problemas para dormir, miedos nuevos.
- Verse a sí mismo como sucio, malo o culpable.
- Autolesiones, ideas de muerte, fugas, consumo de alcohol o drogas.
Secretos y relaciones
- Secretos con un adulto o con alguien mayor.
- Regalos, dinero o beneficios sin explicación.
- Un «amigo» o «amiga» mayor nuevo, o una relación que se vuelve exclusiva.
- Mucho tiempo en el celular, con reserva y nerviosismo.
Conductas sexuales
- Conocimiento, lenguaje o conductas sexuales que no corresponden a su edad.
- Juegos o dibujos con contenido sexual explícito.
- En niños y niñas pequeños, un conocimiento sexual que no podrían tener sin haberlo visto o vivido es, antes que una falta, una señal de que pueden estar siendo víctimas de otra persona.
Señales físicas
Son las menos frecuentes: la mayoría de los abusos no deja huella física. Incluyen dolor, picazón o sangrado en la zona genital o anal, dolor al orinar, dificultad para caminar o sentarse, infecciones de transmisión sexual o embarazo. Si las ves, consulta en un servicio de salud.
En niños y niñas pequeños (0 a 5 años)
Regresiones (volver a mojar la cama, chuparse el dedo), palabras nuevas para los genitales, juego sexualizado.
En los adultos del entorno
El abuso es un proceso, y sus primeras etapas se pueden ver. Muchas conductas son parte normal de cuidar o enseñar: pasar tiempo con niños, hacerles un regalo, conversar a solas. Llaman la atención cuando se juntan con secreto, exclusividad o límites que no se respetan. Presta atención a un adulto, o a alguien mayor, que:
- busca quedarse a solas con un niño, niña o adolescente sin que otros adultos lo sepan;
- le hace regalos o le da privilegios a escondidas, o solo a él o ella;
- tiene un niño o niña como «amigo especial»;
- le pide guardar secretos;
- lo contacta fuera de horario o por redes privadas, sin que la familia lo sepa;
- ignora los límites que el niño, niña o adolescente o su familia ponen.
Ninguna de estas conductas prueba nada por sí sola. Son razones para poner límites claros, para hablar y, si la preocupación sigue, para pedir orientación.
Qué hacer si ves señales
- Conversa con el niño, niña o adolescente en un momento tranquilo, con preguntas abiertas: «Te he visto triste, ¿pasó algo?». No le hagas preguntas que sugieran una respuesta («¿te tocó tu tío?»).
- Si te cuenta algo, sigue estas indicaciones.
- Si no te cuenta, pero sigues preocupado, pide orientación a la Fundación o al 149.
No investigues por tu cuenta ni enfrentes a la persona que te preocupa. Tampoco saques conclusiones apresuradas ni descartes lo que te inquieta: la orientación sirve para mirar la situación con alguien que sabe de esto.
