Explorar la ayuda
Por qué cuesta tanto hablar
El silencio de una víctima tiene causas. Conocerlas ayuda a entender el propio silencio sin culparse por él.
En la Fundación hablamos de silenciamiento, porque callar no es una decisión libre. Lo producen fuerzas que actúan sobre la víctima y se refuerzan entre sí.
Las fuerzas del silenciamiento
El miedo. A las amenazas de quien abusó, a que todo cambie, a la policía y al juicio, a salir de un estado de anestesia que permitió seguir viviendo.
La culpa trasladada. Quien abusa hace sentir a la víctima responsable de lo que le hizo. El psicoanalista Sándor Ferenczi lo describió en 1932: el niño se acerca al adulto en el lenguaje de la ternura, el adulto responde en el lenguaje de la pasión, y el niño, que no puede comprender lo que pasa, termina haciendo suya la culpa del adulto. A veces la familia, el colegio o la comunidad religiosa refuerzan esa culpa.
La vergüenza. El abuso ocurre en lo íntimo, en aquello de lo que no se habla. Contarlo se vive como quedar expuesto.
La desconfianza. En la mayoría de los casos, quien abusa es alguien conocido y usa la confianza como herramienta. El abuso daña la capacidad de confiar, y sin confianza es difícil contarle a otra persona.
La dependencia. Afectiva, económica o institucional. Hablar se siente como traicionar a alguien o a algo de lo que se depende.
El secreto impuesto. Quien abusa presenta lo que pasa como algo «entre los dos». Uno de cada cuatro ofensores obligó a la víctima a guardar el secreto, y entre los familiares, uno de cada tres.1
La acomodación. Ante la incredulidad de los adultos, muchos niños, niñas y adolescentes se adaptan a la situación para seguir viviendo, y si hablan ante alguien que no les cree, se retractan. Una retractación no prueba que el relato fuera falso.
La memoria fragmentada. Hay personas que no recuerdan los hechos como una secuencia ordenada, aunque conservan sus efectos emocionales, y otras que los recuerdan de a poco, a veces a partir de algo que los evoca. La justicia y el entorno suelen esperar un relato coherente, con fechas y detalles, y esa expectativa también silencia.
Efectos en la vida adulta
El abuso sexual en la infancia se asocia a más depresión, ansiedad, ideación suicida, dificultades en las relaciones y en la sexualidad, y malestares en el cuerpo. Esas asociaciones describen poblaciones y no predicen lo que le pasará a cada persona: estas consecuencias no son inevitables y las trayectorias son muy distintas. Las relaciones de cuidado, el acompañamiento y las experiencias reparadoras también cuentan. La encuesta encontró que, entre quienes vivieron muchas adversidades en la infancia, la ideación suicida adulta fue bastante menor cuando hubo experiencias positivas frecuentes.2 Es una asociación entre grupos y no demuestra por sí sola un efecto del cuidado, pero muestra que lo vivido después también importa para el bienestar.
Cómo hablarlo con tu familia
- No tienes que contar detalles. Puedes decir lo que te pasó en una frase.
- Elige a una persona primero, alguien que creas que puede escucharte.
- Prepárate para reacciones distintas: algunas personas reaccionan con dolor, con rabia o con incredulidad al principio, y cambian con el tiempo.
- Si el ofensor es de la familia, pide orientación antes de contarlo: puede haber niños, niñas o adolescentes que hoy estén en contacto con esa persona.
- Puedes contar con la Fundación para preparar esa conversación.
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Encuesta Nacional de Adversidades Tempranas 2021 (CUIDA UC y Fundación Para la Confianza), Estudio 11: imposición del secreto 26,2 %; entre ofensores familiares, 35,0 %. ↩
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Misma encuesta, Estudio 4: entre personas con cuatro o más adversidades en la infancia, la ideación suicida adulta baja de 21,8 % a 6,9 % cuando hubo experiencias positivas frecuentes. ↩
