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Capítulo 1 · 10 años por un mundo sin abuso

Una confianza diferente

Capítulo 1. José Andrés Murillo explica la confianza lúcida frente a la confianza ciega y la desconfianza total; el directorio dice por qué combatir el abuso, y una cronología recorre los hitos de 2010 a 2020.

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“Una confianza diferente”

Por: José Andrés Murillo, director ejecutivo Fundación para la Confianza.

El 2010 fue un año complejo. Algo se rompió y algo se liberó. Los hechos que marcaron esta ruptura y liberación, y que generaron cambios irreversibles, comenzaron, de manera simbólica, con el terremoto del 27 de febrero. Fue uno de los sismos más intensos registrados en la historia de la humanidad. Chile es un país sísmico, así que algo sabemos de eso. Al igual que los estallidos sociales, políticos y relacionales, los terremotos no surgen de la nada, sino que son manifestaciones de un conflicto subterráneo que acumula energía conflictual hasta que ya no puede seguir aguantando y revienta. Un conflicto de placas tectónicas que luchan, una por moverse y la otra por detenerla, que puede durar años acumulando energía, hasta que, violentamente se expresa en terremoto, que puede ser muy destructivo.

En febrero de ese año ocurrió el terremoto. Y en abril estalló públicamente el caso Karadima. Fue como un pequeño orificio en una represa milenaria. No era solo un escándalo por abuso sexual clerical, sino el símbolo de una nueva época, en la que era posible cuestionar lo que, hasta hacía muy poco, solo había que aceptar ciega y silenciosamente. El caso, del que nosotros éramos denunciantes, estuvo durante años en los titulares noticiosos. Su exposición dejó en evidencia el encuentro conflictivo entre dos épocas: una que obliga a aceptar en silencio los abusos de poder, porque el poder da seguridad y orden, y otra época que se atreve a cuestionar desde la incertidumbre y la libertad.

Diez años después, son miles los casos de abuso clerical denunciados. Redes y asociaciones locales y globales de víctimas, luchan día a día por el derecho a justicia y reparación. Y también por prevención. Incluso el propio Vaticano se ha hecho parte, en algunas oportunidades, de estas denuncias.

Hace una década atrás, no fue solo en la Iglesia en donde comenzó a descubrirse que ocurrían abusos. El abuso sexual y también de poder, la corrupción, tráfico de influencias, el maltrato, tomaban casi todas las esquinas de la sociedad. El abuso normalizado comenzaba a sonar disonante, a hacer ruido, a molestar. Ese mismo año 2010 comenzaron las movilizaciones en Chile por el medio ambiente, en contra mega proyectos de inversión para producir electricidad que destruirían distintos ecosistemas y aceleraban el cambio climático.

Nuevamente, se trataba de dos culturas en choque, una que buscaba explotar el medioambiente a cualquier precio y otra que se hacía consciente de los peligros de esta explotación. No pasó mucho tiempo hasta que se hicieron patente otros casos de corrupción en Chile. Colusión entre grandes empresas y farmacias, perjudicando a consumidores, al mercado y a la confianza en sí. El financiamiento ilegal de los políticos era otra forma de colusión del poder, de corrupción, de traicionar a la ciudadanía y destruir la confianza.

Los índices de confianza social e institucional en Chile son, hoy en día, dramáticamente bajos, y no hablan de una débil capacidad para confiar, sino de una débil confiabilidad hacia las instituciones. En ese sentido, la llamada crisis de confianza en Chile no es de la capacidad para confiar sino en la de ser confiables. Sería un error, entonces, hablar de crisis de confianza en nuestro país. Una confianza capaz de desconfiar de instituciones poco confiables no está en crisis, sino que está sana. Ya volveré a referirme a esto.

Al ser uno de los denunciantes de los abusos en la Iglesia, fui parte del desmoronamiento de la confianza en ella. Es justo desconfiar en las instituciones cuando son poco confiables, pero es fácil también comenzar en una escalada de desconfianzas sin fin hasta la fragmentación social total. El desafío que sentía, incluso en el plano filosófico, no tenía su origen en que las personas desconfiaran, sino que en buscar una confianza diferente. La llamé, en un pequeño libro que publiqué el año 2012, confianza lúcida (Uqbar, 2012).

Hacia la confianza lúcida

La confianza es una energía fundamental que permite la existencia de cualquier organización social, desde las más pequeñas y básicas, como una familia, una pareja, una relación de amistad, un equipo de trabajo, junta de vecinos, hasta un país y un grupo de países. Sin confianza, decía el filósofo Georg Simmel, una sociedad se desintegra.

La tarea de definirla es difícil, pero sabemos que la confianza es un frágil e imprescindible tejido simbólico que permite que haya relaciones humanas. Necesitamos relaciones humanas para sentirnos seguros, pero esas mismas relaciones son frágiles, peligrosas y provocan inseguridad. Ahí entra en juego la confianza, que puede pasar de ser una confianza ciega, que es pura ceguera para eliminar esa fragilidad y querer sentirse en seguridad, o desconfianza total. Pero ¿es posible superar este aparente dilema?

La confianza no se reduce a un acto racional, el de confiar o no, sino a la construcción de un espacio ético, social y afectivo que hace posible el despliegue humano en comunidad.

La confianza no se trata tanto, entonces, desde esta perspectiva ética, de relaciones de confianza, sino de construcción de un clima, de un contexto confiable desde condiciones de confiabilidad. Diremos, más bien, condiciones de lucidez.

La confianza lúcida como una ética crítica

Desde un enfoque ético, la confianza es lúcida cuando permite el despliegue sano de las relaciones humanas. La lucidez es la superación de la ingenuidad en las relaciones, esa ingenuidad que se entrampa en el dilema binario de confianza ciega o desconfianza total. En efecto, lo opuesto a la confianza, en términos de confianza lúcida, no es solo la desconfianza, sino también la confianza ciega. La confianza lúcida implica una decisión crítica para cuestionar la confiabilidad del contexto y de las relaciones en ese contexto. Si bien por lo general se trata de una actividad pre-reflexiva, es fundamental iniciar una exploración de los elementos de valoración que permiten determinar la conveniencia de la confianza o no. Es decir, la conveniencia de exponer la propia vulnerabilidad en un contexto determinado, o no, o desconfiar.

La confianza siempre está en la tensión del coestar humano. Es la única manera posible de enfrentar el dilema y conflicto de la convivencia humana, el dilema de no poder ser sin otros, no poder existir sino a través de otros, y poder ser vulnerados por aquellos por quienes existimos de manera humana. Dependemos del vínculo, y es este mismo vínculo el que nos puede destruir cuando es abusivo1.

Dentro de los modelos de confianza que pueden estar presentes en los contextos humanos, hay algunos que son más sanos, es decir, que permiten el desarrollo e integración de las personas en este vínculo compartido, y otros que lo dificultan o lo destruyen. Son manifestaciones patológicas de la confianza, es decir, de este equilibrio conflictual entre el protegerse de los demás y vincularse, depender de ellos. A las manifestaciones patológicas las he llamado confianza ciega, o narcisista y desconfianza total, o paranoide.

Confianza ciega

Narcisismo social. Normaliza las relaciones de poder sin cuestionarlas; es doblemente ciega, pues no ve que no ve.

Confianza lúcida

Busca un contexto en el que la confianza tenga sentido y los conflictos sociales sean posibles y constructivos.

Desconfianza total

Paranoia. La sospecha es la norma y todo entra en una bruma de amenaza.

Las dos manifestaciones patológicas de la confianza y la tercera vía.

Confianza ciega o narcisismo social

La confianza ciega representa un clima humano en el que una persona y un grupo de personas, se posicionan normalizando las relaciones de poder sin cuestionamiento, quedando solo la aceptación ciega de las estructuras, su configuración y distribuciones de poder.

En un contexto de confianza ciega, las estructuras asimétricas de poder simbólico se ven como naturales, especialmente cuando son más bien abusivas como en el caso del machismo, racismo, adultocentrismo, clasismo, etc., donde se identifican quienes tienen que aceptar, obedecer o ser despreciados, para así asegurar un orden establecido que organiza lo social.

La confianza ciega conlleva una desconfianza —también ciega— hacia quienes levantan algún tipo de cuestionamiento. Se prefiere optar por una seguridad social que distribuya los roles de poder y obediencia de manera clara, por tradición y por fuerza. La búsqueda de sentido comunitario es reemplazada por la estabilidad, la tradición, la seguridad, el sistema desde donde se distribuyen los roles y las dinámicas de poder. Por estos motivos, es que se confía ciegamente.

La confianza ciega es doblemente ciega, pues no ve que no ve. Considera que su construcción de estructuras y distribuciones de poder son las verdaderas, naturales y que no es necesario cuestionar. El cuestionamiento es visto como una amenaza más que como una posibilidad de mejora, o de ver lo que antes no se veía. La confianza ciega se construye y abriga en el deseo de seguridad que da el statu quo.

En una cultura de confianza ciega, es más amenazante hablar de abuso que cometer o ser víctima de abuso. El abuso se vive desde la negación y, a lo más, se considera un precio a pagar por la estabilidad y aparente seguridad.

Cuando comenzaron las denuncias por abuso sexual en la Iglesia, lo que vimos fue una defensa corporativa de muchas personas y sectores. Sectores más conservadores, justamente porque necesitaban “conservar” y aferrarse a estructuras que daban seguridad hasta entonces. Se nos atacó como enemigos de la iglesia, izquierdistas, políticos, y otras formas de intentar desacreditarnos. Yo veía una reacción típica corporativista de confianza ciega. Algunas personas nos decían que teníamos que perdonar en lugar de cuestionar tanto. Pero nosotros queríamos cuestionar la estructura porque era la estructura ciega, doblemente ciega, la que hacía posible los abusos, los normalizaba y llevaba también al encubrimiento, como reacción natural.

Desconfianza total

Por otro lado, había reacciones muy violentas en contra de toda estructura, ya que se la consideraba abusiva por el solo hecho de ser estructura. Estas respuestas surgían en contra de toda religión, autoridad, familia, poder. Así fui identificando otro tipo de reacciones que daban cuenta de otro tipo de contexto cultural, el de la desconfianza generalizada, desconfianza total, tan ciega como la confianza ciega. Una reacción también patológica, pero no desde el narcisismo sino desde la paranoia.

En el clima de desconfianza generalizada la sospecha es la norma. Sospecha generalizada ante todas las personas, posiciones y estructuras. La desconfianza generalizada, cuando se estabiliza, llega entonces a transformarse en un lugar seguro desde donde mirar y juzgar el mundo.

Es la seguridad de la no apertura, la cínica relación negativa con el mundo que lo considera no confiable.

La paranoia impide generar relaciones de confianza necesarias para establecer un sistema de apoyo. La búsqueda, desde la desconfianza generalizada, no es de restablecer la confianza, ni crear una plataforma u organización que proteja, sino de persecución sin fin. El deseo de venganza y de persecución sin fin, reemplazan la necesidad de justicia o de establecimiento de un terreno común. Esta desconfianza, hace imposible distinguir bien qué es amenazante de verdad y qué no lo es. Todo entra en una bruma de amenaza, en la oscuridad persecutoria que nunca finaliza.

La confianza lúcida

Confiar implica un riesgo, pero no confiar es un fracaso. La confianza lúcida no es una confianza condicionada solamente, sino la búsqueda de un contexto en el que la confianza tenga sentido, donde las relaciones y conflictos sociales sean posibles, constructivos. Es la búsqueda y creación de espacios de salud social, que, al igual que las definiciones contemporáneas de salud médica, no se refiere a ausencia de enfermedad, sino de promoción de bienestar integral.

Confiar implica un riesgo, pero no confiar es un fracaso.

Las principales dimensiones en que un clima o contexto manifiesta si está en una confianza ciega, desconfianza total o confianza lúcida son la justicia, el reconocimiento mutuo, la comunicación, el pensamiento crítico y el manejo del poder o liderazgo. La justicia, en tanto acuerdos normativos fundamentales para construir un espacio que sea común, con límites claros y derechos respetados. En un contexto de confianza ciega, la justicia es reemplazada por la normalización de la injusticia, y en una desconfianza total, es reemplazada por la venganza.

El reconocimiento mutuo, es también condición de confianza lúcida. Reconocer es comprender y validar, dar visibilidad al aporte que significa cada persona en el contexto. Ese reconocimiento, en un clima de confianza ciega, es reemplazado por su contrario, por la invisibilidad, el carácter de reemplazable de cada persona. Nadie importa realmente, sino solo la estructura y su seguridad. En un contexto de desconfianza total, el reconocimiento es reemplazado por el desprecio activo.

La comunicación, es una dimensión de la confianza lúcida que manifiesta lo común del espacio que se comparte. Hay una voluntad real de compartir ese mundo, las ideas, la palabra, de manera razonable y abierta. En un contexto de confianza ciega, la comunicación se manifiesta evasivamente. Se prefiere no hablar de ciertas cosas que incomodan, que cuestionan. Por eso, es mejor hablar en clichés o lugares comunes, sin decir las cosas de frente. En un contexto de confianza total, la comunicación es pura agresividad sin sentido de construcción. Desprecio y agresión.

El pensamiento crítico es clave para una confianza lúcida, pues permite gestionar la fragilidad de manera razonable. Si se puede cuestionar un contexto, este se vuelve más confiable, no menos. Al contrario, en un contexto de confianza ciega, el pensamiento es más bien dogmático, es un tipo de pensamiento mágico incuestionable. En un medio de desconfianza total, el pensamiento también es dogmático desde la no estructura, siendo un pensamiento persecutorio y paranoide.

Finalmente, el liderazgo, el manejo del poder y la autoridad, son una dimensión fundamental para establecer un contexto de confianza lúcida. Esta requiere que el liderazgo sea abierto a potenciar a quienes están en ese contexto desde su propia realidad y en el sentido del contexto. La confianza ciega y la desconfianza total pueden ser abusivas, totalitarias, autoritarias o caóticas. No logran generar liderazgo con propósito, por lo tanto destruyen su capacidad de lucidez.

  • Justicia

    Lúcida
    Acuerdos normativos para un espacio común, con límites claros y derechos respetados
    Ciega
    Normalización de la injusticia
    Desconfianza total
    Venganza
  • Reconocimiento mutuo

    Lúcida
    Comprender y validar; dar visibilidad al aporte de cada persona
    Ciega
    Invisibilidad: cada persona es reemplazable
    Desconfianza total
    Desprecio activo
  • Comunicación

    Lúcida
    Voluntad real de compartir el mundo, las ideas y la palabra
    Ciega
    Evasiva: clichés y lugares comunes
    Desconfianza total
    Agresividad sin sentido de construcción
  • Pensamiento crítico

    Lúcida
    Gestiona la fragilidad de manera razonable
    Ciega
    Dogmático: pensamiento mágico incuestionable
    Desconfianza total
    Dogmático: persecutorio y paranoide
  • Liderazgo

    Lúcida
    Abierto a potenciar a quienes están en ese contexto
    Ciega y desconfianza total
    Pueden ser abusivas, totalitarias, autoritarias o caóticas
Las cinco dimensiones en que un contexto muestra qué tipo de confianza lo rige.

Estos son los espacios que, como Fundación para la Confianza, nos hemos decidido a promover, evaluar, construir y reconstruir. Espacios de confianza lúcida que permitan el desarrollo integral de las personas, en especial de los niños, niñas y adolescentes, cuyos derechos deben ser protegidos para desplegar la confianza que merecen. Su derecho es nuestra obligación ética.

1 La identidad humana, siguiendo los análisis de psicoanálisis infantil llevados por Donald Winnicott, y que se encuentran también en la base de la teoría del reconocimiento de Honneth, se construye a partir de la interacción con otra persona afectivamente significativa en lo que llama el cuidado. En esa interacción, en el encuentro con otros y otras, la confianza tiene un rol fundamental. Ver especialmente Winnicott, «La integración del yo en el desarrollo del niño», 1962, publicado en Los procesos de maduración y el ambiente facilitador, Paidós, 1993. Y Axel Honneth, La lucha por el reconocimiento, ed. Crítica, 1997.

¿Por qué combatir el abuso?

Por: Directorio Fundación para la Confianza.

“El dolor es inseparable de la experiencia vital para cada una de las personas, es parte de nuestra condición humana y de nuestro crecimiento. Hay sin embargo dolores que no tienen justificación, son absurdamente banales y profundamente dañinos. De éstos quizás el más intolerable es el dolor que se produce en las personas que son víctimas de otras con más poder y muy especialmente en niños y niñas. He sido testigo muy cercano de esta injustificable experiencia. Esto me ha impulsado a buscar cómo colaborar con personas que estén comprometidas con el apoyo a víctimas de abuso, y a lograr avances reales para que esta situación deje de existir, donde sea que ocurra”.

Octavio Vergara

“Pueden haber dos respuestas, la fácil y la difícil.

Porque tengo niños. Y no quiero que nada malo les pase. La fácil.

Pero hay algo más íntimo dentro de uno. Un miedo a enfrentar la realidad que no quisimos ver. Un deber del ser humano. Un despertar. Un ladrillo en la cabeza que remece todo y conmueve. Porque conmover es perturbar, mover fuertemente a alguien. Y a personas como yo, que hemos construido la hoja de ruta en base a enriquecer a los ricos y recibir un salario, esto no nos llena, no nos hace felices.

Existen infinitas maneras de abusar. Uno abusa de la confianza, de la verdad, de la mentira, de quien ama y de quien odia. Pero de los niños y niñas no se abusa. Y como Fundación vamos a morir, si es necesario, en la lucha contra el abuso”.

Sebastián Arteaga

“¿Cómo no combatirlo? ¿Cómo permanecer indiferente ante el horror que viven tantas personas que sufren abusos? ¿Cómo vivir en paz mirando hacia el lado, sintiendo que este es un problema que no nos incumbe ni nos compromete? ¿Cómo no sentirnos interpelados a hacer algo, aunque tan solo sea aquello que esté a nuestro alcance? A todo sobreviviente de abuso lo mueve el deseo de que nadie más viva lo que él o ella ha sufrido. Desde Fundación para la Confianza elegimos sumarnos a su lucha. Para que nunca más se repitan los abusos; para que todas las personas seamos respetadas en nuestra dignidad”.

Josefina Martínez

“Toda persona tiene el derecho a ser respetada, valorada, cuidada por sus personas cercanas, por las instituciones en que va participando en su vida y por toda la sociedad que la acoge.

Dañar esa vida con un abuso, es de las cosas más graves que puede ocurrir, porque destruye la base de confianza de la persona: confianza en su entorno, en las relaciones con los demás, hasta consigo misma.

La Fundación para la Confianza busca prevenir todo abuso, desarrollar conciencia de la importancia de la prevención, restaurar lo dañado y sobre todo, devolverle la confianza a quienes se les haya vulnerado sus derechos”.

María Luisa Andueza

“Porque es una plaga que mata. El abuso en todas sus formas atenta contra nuestro valor más íntimo: nuestra propia individualidad, destruyendo nuestras confianzas, nuestras fortalezas e impidiendo que vivamos en paz. Como una peste invisible convivimos a diario con el abuso y lo sobrellevamos casi inconscientemente. No podemos seguir así. Combatir el abuso hoy es el desafío que nos toca: despertar y actuar para proteger nuestros límites y cuidar a otros. Hoy combatimos el abuso porque conocemos el nivel de daño que produce, porque creemos en una vida mejor sin él, y porque tenemos la convicción de que actuando en bloque podemos ser una caja de resonancia que despierte otras voluntades. Denunciamos el abuso, promovemos el cuidado y protegemos a los niños para dejarles un mundo mejor”.

Antonia Pellegrini

“Yo creo que es fundamental en una sociedad abrir estos temas, hablar de estos temas, porque esto sucede, sucede siempre y sigue sucediendo, sucede hoy y va a seguir sucediendo mañana. La potente misión que ha hecho Fundación para la Confianza, tiene que ver con visibilizar un problema que tenemos en nuestra sociedad, con la importancia de lograr la denuncia de los casos de abuso y con que se haga justicia para ir frenando este flagelo que es tremendamente doloroso, complejo y durísimo. Creo entonces que esta es la gran perspectiva que se ha planteado la Fundación en todos estos años que lleva esta causa.

Gracias al trabajo que ha hecho la Fundación, ha sido posible que se haya verbalizado esta temática al interior de las familias, en personas que han estado durante años herméticas frente a sus abusos.

Creo que esta misión le da el valor a lo que significa hablar sobre estos temas, y a perseguir justicia respecto a casos de abuso”.

Katherine Salosny

“Creo que el abuso hay que combatirlo porque causa un daño tremendo y transforma vidas normales en infiernos. Lo bueno de lo que hacemos en la Fundación, es que combatimos el abuso con esperanza y logrando, como una caja de pandora, entender que uno puede salir y recuperarse. Creo que el abuso es como un equivalente a la tortura, si es que no es más grave. Es una violación a los derechos humanos muy grande, debido al daño devastador que causa”.

Juan Pablo Hermosilla

“A mí, desde mi propia experiencia, me daba un miedo tremendo combatir el abuso, pero viendo la liberación que produce en el alma y la vida de las personas, y habiendo sido uno de los primeros en hacerlo público, siento que lo haría mil veces más si es que puedo ayudar a las personas a salir de la angustia que yo viví”.

Juan Carlos Cruz

“Porque si no la vida pierde sentido. La vida sin libertad, sin la capacidad del asombro que da la libertad, no tiene sentido”.

James Hamilton

Diez años de confianza

Una cronología de hitos que marcaron nuestra historia.

  1. 2010
    • Mayo Nace la idea de ayudar a otras personas que han sido víctimas de abuso sexual infantil y se comienza a gestar la misión de la Fundación para la Confianza.
    • Diciembre Se constituye Para la Confianza como fundación. Apertura de una primera oficina que es propiedad del Instituto Catequístico en Providencia. Se comienza a orientar a las primeras víctimas.
  2. 2011
    • Diciembre Realización del primer Grupo de Ayuda Mutua para víctimas de abuso sexual infantil.
  3. 2012
    • Abril Se imparte el primer Diplomado a profesionales que trabajan con víctimas de abuso sexual infantil (de abril a agosto, en un total de 101 horas).
    • Agosto Fundación para la Confianza junto a otras organizaciones crean el “Bloque por la Infancia”, para trabajar en conjunto por los derechos de niñas, niños y adolescentes.
    • Septiembre Se lidera la campaña junto a UNICEF “Si tocan un niño, a mí me toca”.
  4. 2013
    • Marzo La oficina se reubica en el centro de Santiago, en Avenida Libertador Bernardo O’Higgins, frente al Ministerio de Educación.
  5. 2014
    • Enero Realización del Primer Congreso Chileno sobre Maltrato y Abuso Sexual Infantil.
    • Diciembre Incorporación como parte del Consejo de la Sociedad Civil del Servicio Nacional de Menores (SENAME).
  6. 2015
    • Febrero La oficina se traslada a la comuna de Las Condes y la Fundación participa en el Consejo Asesor Presidencial contra los conflictos de interés, el tráfico de influencias y la corrupción (Comisión Engel).
  7. 2016
    • Marzo Primer piloto de las “Alianzas para la Confianza”, proyecto que busca construir junto a comunidades educativas sus protocolos de prevención y actuación en casos de abuso.
    • Diciembre La Fundación se adjudica el proyecto de actualización de la política de buen trato de la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI) desde el enfoque de la confianza lúcida.
  8. 2017
    • Marzo Se lanza campaña “Yo confío” para sensibilizar y prevenir el abuso sexual infantil.
    • Abril La oficina se traslada a un espacio dedicado exclusivamente a la Fundación en Providencia.
  9. 2018
    • Enero El Papa Francisco visita Chile y la Fundación realiza un Seminario Internacional sobre abuso en contextos eclesiásticos.
    • Enero Se crea junto a otras personas y organizaciones ECA Ending Clergy Abuse, una organización mundial de activistas en derechos humanos enfocados en la infancia y víctimas de abuso eclesial, especialmente quienes son niños y niñas.
    • Mayo Se inicia el proyecto “Observatorio para la Confianza”, que tiene como objetivo investigar e incidir en políticas públicas relacionadas a infancia, especialmente con niñas, niños y adolescentes bajo protección del Estado.
    • Septiembre En alianza con Fundación Cultural de Providencia, se realiza la exposición “Luces del Silencio”.
    • Noviembre Junto a la Comunidad de Organizaciones Solidarias y Ciudadanía Inteligente se lanza “Vigilantes por la Infancia”.
    • Diciembre Se lanzan los resultados del estudio “Prevalencia del abuso sexual infantil en la Región Metropolitana”.
  10. 2019
    • Enero Cerca de 500 personas participan en el Congreso chileno sobre maltrato y abuso sexual infantil organizado con ONG Paicabí.
    • Marzo Corte de Apelaciones condena a la Iglesia Católica chilena por encubrimiento de los abusos cometidos por el ex sacerdote Karadima y ordena indemnizar a José Andrés Murillo, Juan Carlos Cruz y James Hamilton.
    • Abril Se realiza el curso “Abuso sexual infantil como fenómeno psicosocial” dirigido a funcionarios/as adscritos/as a la Academia Judicial de Chile.
    • Junio Se reabre Línea Libre, canal de apoyo psicológico para niñas, niños y adolescentes.
    • Julio Se promulga la ley que declara imprescriptibles los delitos sexuales contra menores de edad, proceso en el cual la Fundación fue partícipe. Se lanza la campaña de socios #NiUnDíaMás. Participación en Seminario sobre abuso sexual infantil en la Universidad Pontificia de México.
    • Agosto Junto a la PUC se crea el Centro CUIDA (Centro de Investigación para el Abuso y la Adversidad Temprana).
    • Octubre Participación en el Seminario “Abuso sexual en contexto clerical” en El Salvador. Se acompaña a víctimas a poner la primera denuncia.
    • Noviembre El Ministerio de Bienes Nacionales entrega un inmueble ubicado en el Barrio Lastarria para que la Fundación siga operando.
    • Diciembre Se comienza a entregar orientación psicológica a víctimas del estallido social con el apoyo del Instituto Nacional de la Juventud (INJUV).
  11. 2020
    • Agosto Se comienzan a impartir dos nuevos Diplomados: “Bienestar socioemocional y lucidez para el quehacer pedagógico” y “Acompañamientos éticos en contexto residencial”.
Los hitos de la cronología del libro, año por año.
Fotografía en blanco y negro de un grupo de unas treinta personas adultas, de pie y agachadas, posando juntas.
Fotografía grupal que acompaña el año 2018 en la cronología del libro.

Sobre esta edición. Versión web del libro 10 años por un mundo sin abuso, publicado en PDF por la Fundación para la Confianza en 2021 (primera edición impresa de 500 ejemplares, Ograma Impresores; ISBN 978-956-402-822-4). Director: José Andrés Murillo. Coordinación general: Nicole Del Río. Investigación y redacción: Benjamín Gálvez. Dirección de arte y diseño: Cristhian Sotomayor. Ilustraciones: Jesu Villa y Cristhian Sotomayor. Edición: Natalie Sève. En esta versión se corrigieron erratas y se agregaron gráficos que resumen el contenido; las ilustraciones de las personas que dan testimonio no se reproducen. Las cifras, cargos y referencias legales corresponden a la fecha del libro. Descargar el PDF original