Capítulo 5 · 10 años por un mundo sin abuso
Confiar es transformar la sociedad
Capítulo 5. Dos mujeres cuentan sus causas frente a la prescripción; José Andrés Murillo repasa la incidencia de la Fundación en las leyes de niñez, y el Observatorio para la Confianza explica su trabajo con niñas, niños y adolescentes bajo protección del Estado.
Índice del libro
La lucha contra el abuso, tiene que —necesariamente— darse no solo en los espacios diarios que habitamos, sino también en nuestras leyes y nuestra justicia. No se puede mirar la gran pelea contra el abuso sin tomar en cuenta la legislación hoy vigente, y entender que ahí hay una enorme oportunidad de cambiar las condiciones en cómo se definen, penalizan y previenen las situaciones de abuso.
En este capítulo, presentamos dos testimonios que centran su atención en la imprescriptibilidad, su relevancia en casos de abuso, y la resiliencia de aquellos que deciden continuar con sus casos a pesar de estar prescritos. Además, se comparte cómo, a través de los años, la Fundación ha podido incidir en distintos proyectos, y de qué manera su compromiso en esta tarea ha llevado a su equipo a iniciar nuevos proyectos, cómo lo es el Observatorio para la Confianza, que buscan tener incidencia en el enfoque legal del abuso.
Imprescriptibilidad
Elisa
La tarde del jueves 16 de junio del 2016 es una que Elisa García-Huidobro recuerda con emoción. Ese día fue la primera vez que se encontró con cuatro otras mujeres que, tristemente, compartían algo en común: todas habían sido víctimas de abuso por el mismo agresor.
Lo que además hizo muy especial esta tarde es que, justo antes de entrar al lugar donde se encontraron, el hombre que provocó que se reunieran, anunció la renuncia al cargo que tenía: ser el embajador de Chile en Francia. La emoción era mucha, y se revolvía una extraña sensación de lo catártico que fue encontrarse, por primera vez, con otras personas que habían vivido algo tan dolorosamente similar.
Lo que además hizo especial ese día, es que el encuentro se dio en una pequeña oficina en Las Condes, un lugar donde, en ese entonces, estaba Fundación para la Confianza.
“Nos vimos las caras por primera vez entre todas, y cada una expuso su propia historia, fue como un GAMU, pero el factor común era el abusador. Qué atroz, era atroz, pero fue precioso, fue muy emotivo”, recuerda Elisa.
Una de las cosas más emocionantes, sin duda, fue conocer la noticia de la renuncia, pues marcó el inicio de un proceso. “O sea, saltábamos de alegría. Obviamente lo habían renunciado, y era la primera consecuencia que tenía el haber expuesto lo que nos pasó. Y ahí en adelante no le dimos tregua a este hombre, porque desde esa primera vez que nos juntamos se empezó a armar una estrategia para analizar bien qué haríamos”.
Es así, como se inició un proceso que, si bien no estaban muy convencidas de llevar a cabo, resultó siendo muy necesario. “Muy poco después de ese día, nos juntamos con Juan Pablo Hermosilla y el José (Murillo), y ahí la arenga de Juan Pablo a que denunciáramos fue impresionante. Él es demasiado inspirador, o sea, después de todo lo que nos dijo, yo le dije que le iba a poner Juan Pablo a mi hijo”, recuerda entre risas. “Él nos empujó, nos envalentonó, y fue como, ‘ya, a darle, ustedes pueden, son fuertes, están protegidas por nosotros, no les va a pasar nada’, y ahí empezamos a dibujar esta estrategia comunicacional para dar a conocer el caso, y que se hiciera justicia”.
Hasta ese momento, eso sí, poner una demanda era algo que ni siquiera habían imaginado. No pensaron que fuera posible hacerlo.
“Imagínate que esta persona le decía a las nanas de las que abusaba: “demándame po’, quien te va a creer a ti”, o sea la simetría que existía con chiquillas que no tenían ningún acceso a abogado, a todo ese tipo de recursos para llegar siquiera a imaginar que podían hacer algo contra este hombre, era impensado, imposible”.
Por eso, la arenga de Juan Pablo no solo fue una motivación a demandar, sino a darse cuenta que —siempre— hacer algo por obtener justicia es posible, y necesario de hacer.
Sin embargo, cuando se vislumbró la primera posibilidad de hacer algo, otra piedra de tope se presentó. El caso de abuso que sufrió Elisa fue cuando tenía diez años, por lo que, en ese entonces al tener 32, su caso había prescrito en la justicia chilena. La prescripción es una forma en que se extingue la responsabilidad penal de una persona, es decir, la facultad que tiene el Estado para sancionar el delito o delitos que ésta haya cometido, con una pena. Dicha extinción de responsabilidad ocurre por el transcurso del tiempo entre que ocurrió el hecho y el momento en que éste es perseguido. Pero, si bien la prescripción impide al Estado llevar a una persona a juicio por un hecho, esto no impide que el hecho sea investigado por el Ministerio Público o el Juzgado del Crimen, dependiendo del momento en que ocurrieron los abusos.
Prescripción
Forma en que se extingue la responsabilidad penal de una persona por el transcurso del tiempo entre que ocurrió el hecho y el momento en que este es perseguido. Impide al Estado llevar a una persona a juicio, pero no impide que el hecho sea investigado.
Esto último entrega la oportunidad a la víctima de que el Estado se preocupe de averiguar, al máximo de sus capacidades, qué fue lo que ocurrió y quién habría tenido participación en el o los delitos.
Por lo que, si bien lograr una pena no era opción, poder demostrar que sí ocurrió el abuso, lo era. Llegar hasta este punto, sin embargo, fue un camino mucho más largo que el que —hasta ahora— se ha descrito aquí.
Elisa, como cuenta, es muy de ir a terapia. Su hermana, muy cercana a ella, es psicóloga y siempre le explicaba la importancia de hacerlo. Años antes de que se diera el encuentro en la Fundación y en una de las sesiones terapéuticas que tuvo, recordó una situación que había vivido con su padrastro. Cuando terminó, le contó a su hermana, y por primera vez le puso nombre a lo que había vivido. “Ahí recién me puse a trabajar este abuso que no tenía idea que era, o sea yo hasta ese momento no me consideraba sobreviviente y me costó mucho rato asumir que había sido víctima de abuso, y lo trabajé muy intensamente durante años”.
Finalmente, fue su hermana quien tiempo después de darse cuenta de esta situación, la ayudó a ponerse en contacto con la Fundación.
“Entonces, cuando supimos que el caso estaba prescrito, yo estaba en nada, no le tomé mucha importancia en realidad, porque con suerte quería seguir yendo a mi psicóloga y superar el tema”, hasta que algo le hizo “click”, como explica ella.
Cuando se reunieron con Juan Pablo, surgió la idea de contar el caso en los medios, en un medio grande, que provocara repercusión. La historia, sin embargo, tenía que ser contada por todas, incluida Elisa, “y ahí yo dije chuta no sé si estoy preparada para contarle a todo Chile que fui víctima de abuso infantil”.
“Me sentía cero preparada y nos volvimos a juntar con Juan Pablo y él me dijo:
Mira, básicamente tienen que decidir si es que van para adelante o no, e imagínense cuando el día de mañana les cuenten a sus hijos e hijas todo esto que ustedes vivieron y ellos les pregunten: “mamá, ¿y tú qué hiciste?”.
Eso fue una daga en el corazón, y pensé: mierda o sea qué les voy a contestar, ¿que me quedé callada? Ese fue el punto de inflexión para decir ya, ok, listo, tengo que hacerlo”.
No fue una decisión fácil, pero se dio cuenta de que “tenía todas las herramientas, estaba en una situación de privilegio respecto a todas las redes que tengo. Tenía una terapia que me acompañaba, tenía a mi hermana, y a estas otras mujeres, al mejor abogado de Chile, a la Fundación para la Confianza, entonces cagué, no podía decir que no, me tocó”.
La estrategia que se comenzó a planificar tenía que ser minuciosa, e inteligente. Querían contar su historia, y la de todas las mujeres que se juntaron ese jueves en la Fundación, y debían hacerlo bien.
Decidieron ir con un medio que “le diera duro”, como lo explica Elisa, a su abusador, y ese medio terminó siendo la Revista Sábado de El Mercurio, pues consideraban que, además, iban a tener el respeto necesario para poder llevar la historia como correspondía.
“Este es un tipo poderoso, entonces el reportaje estando listo, se demoró mucho tiempo en ser publicado, fue una batalla que tuvieron que dar en el diario hasta que pasó justo lo de Harvey Weinstein en EE.UU., empezó el Me Too Movement, y comenzó un movimiento mundial. Ahí la editora del Mercurio de ese tiempo dijo ‘listo, tenemos el manso caso, lo tenemos guardado, démosle’ y se la jugó y lo publicó”. Desde ese punto, comenzó un nuevo camino.
“No te puedes imaginar el nervio la noche anterior a que saliera publicado, mi hermana saltaba en la cama saltarina de los niños, de nervio. Imagínate que estás a punto de salir a nivel nacional con tu historia de abuso. Aparte, no había leído el reportaje, solo vi la foto que me sacaron”, recuerda Elisa.
Y finalmente, el reportaje se publicó.
“El apoyo fue gigante, bastante unánime, y me acuerdo que estuvimos una semana con que este caso salió en los matinales. Tomamos una decisión muy buena, acompañadas de Juan Pablo y del José, y ellos nos dijeron “miren, no se habla más, ustedes ya hablaron y la bolita ya estaba echada, la demanda ya estaba hecha. El reportaje ya estaba publicado, y fue una locura, fue súper intenso, pero fue bacán, para mí como víctima, sentir el apoyo de tantas mujeres y de personas que no conocía, recibiendo mensajes en Facebook que me decían: “Elisa, que valiente”, y yo no sabía qué hacer con ese “qué valiente”, lo había hecho no más y saber que habían tantas personas abusadas fue muy impresionante”.
“El darme cuenta de que hay demasiadas, miles de personas que han vivido lo mismo que tú, fue muy impactante, pero también fue muy reconfortante saber que había ayudado, que el reportaje había animado a personas a destapar sus propios casos de abuso. Eso fue bacán, fue como: “listo, ayudé a una persona, ya estoy pagada”.
Cuando el reportaje ya estaba listo, la demanda había sido interpuesta, y el reportaje, para Elisa, obviamente ayudó a hacer de este un caso “emblemático”, y eso también provoca un apuro en los jueces, porque está la presión social. Sin embargo, la causa fue larga, y luego de la primera instancia, en donde quedó constancia de que los hechos sí habían sucedido, se cerró el caso. No formalizaron al abusador, pero nadie dijo que los abusos no hubiesen pasado.
Como cuenta Elisa, “ellos apelaron a este fallo. Él tiene un abogado que fue el del caso Larraín, y que era conocido por no ser muy correcto, entonces la corte de apelaciones mágicamente dijo que nada de esto había pasado. Esto obviamente fue muy simplificado, son unas interpretaciones mucho más elaboradas. Cuando pasó todo esto, que fue un golpe bajo, mi mamá escribió una carta al Mercurio defendiendo a su marido, y fue otro golpe bajísimo. Después de estos hechos ya no quisimos hacer nada más. Ya habíamos hecho toda la pega en el fondo, de mostrar públicamente lo que había pasado, y tengo la sensación de que la opinión pública nos cree a las víctimas, y con eso me conformo bastante. Siento que la pelea ya la di, y la gente ya sabe quién es Patricio Hales”.
Hoy, como explica, se siente segura, y mucho más preparada, “me ayudó mucho para vencer millones de miedos. Siento que me puedo defender mucho mejor, tengo un millón más de herramientas porque vencí el miedo a que este otro me pueda hacer daño, hoy puedo poner límites, porque ya no quiero que nadie traspase los límites. Me siento como Rambo”, cuenta entre risas.
“Para mí fue una batalla súper ganada. Hoy soy una persona mucho más feliz después de haber hecho esto, más valiente, más grande. Como que fue durísimo, pero fue la raja, fue matar al monstruo real, más allá de lo que le haya pasado o no le haya pasado a este gallo, él no me importa, me importa más cómo quedaron las otras víctimas, como quedé yo, y yo quedé mucho más empoderada, con menos miedo, con menos vergüenza”.
Como reconoce, también, “el apoyo de la Fundación fue tremendo. No me imagino que podría haber pasado sin su empoderamiento, acompañamiento, y constante apoyo. Sí, formamos como una familia”.
Y obviamente, “recomiendo total y completamente a las personas a hacerlo. Yo tengo un dicho, que me gusta mucho, que es “la verdad sana”, y pucha que es verdad, es una frase que identifica mucho de lo que viví en ese tiempo, y hasta ahora”.
“Me da demasiada felicidad contarlo, y no vuelvo a hablarlo seguido, porque he ido dejando el tema, que fue demasiado intenso. Yo me dediqué a esto, durante seis años de mi vida, y ahora fue rico superar la etapa, hacer mis cosas, hacer mi vida. Necesitaba ver otras cosas, pero me hace feliz contarlo, es un caso de éxito (risas) que chulo”.
Estefanía
Habían pasado meses desde que Estefanía Milla-Moreno no volvía a Chile. Hace diez años que vive en Vancouver, Canadá, trabajando y estudiando posgrados, por lo que volvía al país de forma ocasional, a ver su madre o a hacer trámites.
En uno de esos viajes, pasó algo muy particular.
La calle Manuel Montt, en Santiago, tiene un gran valor emocional para Estefanía. En primer lugar, porque ahí vive su madre, y cada vez que vuelve a la ciudad toma la misma micro para ir a verla y recorre gran parte de esa larga calle. También, porque en Manuel Montt queda la clínica donde Estefanía nació, y en que ella dio a luz a su primera hija. Pero, además, porque entre esos dos lugares se encuentra el colegio donde estudió en su infancia, en el que en reiteradas ocasiones fue abusada por un profesor.
En este viaje en particular, algo le pasó, y decidió bajarse de la micro un par de paraderos antes, entrar a su colegio, y denunciar.
“Yo me cerré a esta historia por mucho tiempo, pero creo que, como mujer, pero sobre todo como mamá, han habido ciertos hitos que me han hecho enfrentar lo que me pasó, desde hace como 10 años, particularmente gracias a varias sesiones de terapia, el apoyo de mi marido y mi mamá, y a otros micro-abusos que experimento por ser mujer. A mí me gusta correr, aún cuando siento que al hacerlo asumo el riesgo de exponerme a un violador. Voy a caminar, bailar, medir plantas en un sitio donde hay pocas personas, y siento lo mismo. Siempre en riesgo y por lo tanto siempre alerta”.
Hay un hecho en particular que le hizo darse cuenta de que tenía que hacer algo. “La primera vez que el colegio de mi hija le asignó un profesor, me descompuse y me dio una angustia muy grande. Fue la primera vez que barajé la opción de compartir mi historia y pedir apoyo, porque en ese momento mi hija tenía la misma edad que yo tuve cuando comencé a ser abusada. Lo hice convencida de que mi secreto era más dañino que útil”.
“Ahí tuve un cambio. Por mucho tiempo me convencí que lo que pasó fue terrible, pero ya era parte del pasado, hasta que tuve temor de que a mi hija le fuera a pasar lo mismo. Las otras veces que sentí ese deseo de hacer algo, de denunciar, no pude, hasta que justo la micro paró ahí en el colegio, y me bajé. Siento que fue algo que se fue formando, creciendo, acumulando, hasta superarme. Aún no estaba completamente segura de qué iba a decir, sólo seguí el impulso que me llevaba a empoderarme en ese espacio, donde tantas veces fui vulnerada. Me detuve en la puerta, llena de temores, tiritando. Era recreo y alcancé a ver una alumna de una edad cercana a la que tenía cuando asistía a ese establecimiento y lo interpreté como una señal.”
Finalmente pudo hablar con la directora, contarle lo que le pasó. No fue mucho lo que se avanzó, eso sí, pero pasó algo que hasta el día de hoy agradece: en esa reunión, una de las personas con las que estuvo conocía la Fundación, y le contó un poco. Le interesó, y se contactó.
“Mi idea era saber qué podían hacer por mi caso, yo entendía que mi única vía factible era una denuncia pública y quizás convencer a quienes dirigían el colegio a instalar buzones en algunos lugares del establecimiento para que los estudiantes alertaran abusos de forma anónima. Mi expectativa con la justicia legal era baja, y tenía que probar más de un formato. Al escuchar de la Fundación, me dio curiosidad y esperanza.
No tenía un plan hecho, pero sí una motivación, “hasta ese momento mi misión era contar en detalles que me hicieron, asegurarme que aquel profesor no siguiera haciendo clases y que no descartaran que el abuso sexual infantil pudiese seguir ocurriendo en las aulas”.
El camino para llegar a hacer algo, sin embargo, comenzó mucho antes en Estefanía.
“Hace un tiempo estoy estudiando plantas nativas chilenas, con capacidad para movilizar metales pesados en un relave (la basura que deja la minería). Investigaciones han logrado comprobar que ciertas plantas pueden, mediante mecanismos de secuestro, inmovilización, y/o alteración del medio, cambiar la movilidad de dichos metales hacia y dentro de las plantas. Esto permite que las hojas y raíces puedan filtrar metales que pueden después ser extraídos. Este conocimiento puede ser usado para restaurar ecosistemas en sitios de producción minera”.
Como explica, en su investigación tiene que estar mucho tiempo a solas, monitoreando las plantas, muy concentrada, y por lo tanto con mucho tiempo para pensar. Y en ese esperar, reflexionó sobre su historia y la de las plantas que se encuentran en ambientes de alta toxicidad. “Entender la resiliencia de las plantas me ha servido para confiar en mi habilidad de re-significar los abusos que viví”, explica.
Y ese fue el momento en que decidió escribir lo que le pasó, en un ejercicio doloroso, pero muy liberador. Cuando pudo terminarlo, y después de haber ido a su colegio, lo envió a la Fundación para que lo revisaran y le dieran comentarios, y ahí comenzó la relación.
La acogida fue inmediata, y le pasó que, por primera vez, empezaba a hablar un idioma similar, sin hacer falta mayores explicaciones. “En Vancouver hacía terapia en inglés, y me pasaba que, si ya hablar de esos temas es súper difícil, no hacerlo en tu lengua materna es aún más desafiante. Cuando hablé con José Andrés Murillo sentí que no era necesario re-traumatizarme entregando detalles, que lo medular era apoyarme”.
“En esa relación se empezó a planificar la posibilidad de publicar el escrito, y a José se le ocurrió, que mejor lo sacáramos por CIPER, un medio digital de periodismo de investigación chileno. José fue súper proactivo, me contactó con Mónica González, directora del medio en ese entonces, y tuvimos una conversación como de una hora. Yo lo mando, ella lo modifica y se publica. Nunca esperé que fuera a tener tanto impacto compartir mi historia”.
Una de las cosas que le dijeron a Estefanía en la Fundación, es que era importante que estuviera en terapia, porque teniendo en cuenta experiencias anteriores —con las que había lidiado la fundación y sus fundadores— sería un proceso duro “y porque a pesar de que mi psicólogo me dijera que yo ya estaba casi de alta, lo que vino después no fue tan duro como sorprendente”. La respuesta al escrito fue inmediata y masiva.
“Comenzó mi reparación y un cierre a mi silencio eterno y doloroso”.
Como cuenta, Estefanía está activamente conectada con chilenas/os/es que llegan a Canadá, y con la comunidad latinoamericana de Vancouver, “en mi facultad, participo en grupos de salsa, deportes, y por eso tengo la fortuna de conocer a muchas personas. Me propuse mantener mi historia alejada de mi entorno. Este fue uno de los aspectos que medité profundamente previo a publicar mi historia, porque tuve que pensar mucho si podía y quería renunciar a que me vincularan a mi alegría y fuerza y comenzaran a definirme desde mi experiencia como víctima de abuso sexual infantil”.
“Y finalmente pasó que mucha gente que se enteró, necesitaba que yo aclarara sus dudas al respecto, que explicara cómo (quizás lo más duro de responder), cuándo y por cuánto tiempo fui abusada. Fue una cosa muy extraña, porque muchas personas, si bien de buenas intenciones, no reaccionaron como: “oh que mal, ¿Cómo te ayudo?”, si no que necesitaban más información o reaccionaban con incredulidad (e.g, ¿De verdad te violó?). Muchas de esas personas, eran incluso de mi círculo cercano. En este proceso, el apoyo y acompañamiento de la Fundación fueron fundamentales.
Toda esta revelación, la llevó a comprender que lamentablemente las personas no sabemos cómo apoyar o asistir a alguien que ha sido abusada/ o/e. Que hay mucho por de-construir y aprender.
Luego de ese episodio, José puso en contacto a Estefanía con Arturo Greene y Juan Pablo Hermosilla (abogados de la Fundación) y decidieron poner una querella que permitiese acceder a un proceso investigativo serio. “si bien yo ya había interpuesto una denuncia cuando fui a Chile en la misma fecha que visité el establecimiento, ésta no logró avanzar y había sido archivada. Para acceder a Tribunales, el apoyo de la Fundación fue y sigue siendo tremendo”.
Sin embargo, al poco andar, se enteró de que su querella, al relatar hechos que habían pasado en su niñez, fue archivada nuevamente por una posible prescripción, lo que se tradujo en un gran obstáculo, pero no en un freno, pues el camino a su “detoxificación” ya había comenzado, y no iba a dar vuelta atrás. Fue así que junto a sus abogados, Estefanía recurrió ante la Corte, que, reconociendo la obligación del Estado de Chile a brindarle acceso a la Justicia a través de un proceso judicial, ordenó la apertura de una investigación.
“Sentí que tenía que hacer algo en mis términos, rompiendo con el silencio, secretismo, profunda vergüenza y cierta responsabilidad que me embargaban. Fue un proceso doloroso, pues cuando quería comunicarlo, se me apretaba la garganta, hasta que no salían palabras. El escrito que publiqué con la ayuda de Mónica, me sirvió para evitar esas sensaciones, pero además para decirle a esa otra adolescente, mujer, adulta mayor, que está en el otro lado de ese escrito: te veo, no es tu culpa, esto lamentablemente es común, tiene que parar”.
Lo que Estefanía quería conseguir, con el escrito y luego con la querella, era hablarlo sin culpa, en su voz feminista, de mujer, madre y nieta: fue un “no más”. “Aun así, escribir mi relato fue difícil, son recuerdos de muchas emociones, dolores entrañables, rabia y pena potenciándose. Escribes una frase y lloras un día, y vomitas y duermes el que sigue. Una vez terminado, rencontrarme con el texto o conocer las impresiones de ciertas personas, fue también doloroso”.
En la causa que inició la Fundación llamaron a testificar al profesor, pero luego comenzó la pandemia y el proceso comenzó a presentar dificultades para avanzar, no obstante mantenerse vigente.
“Llamaron a mis compañeros/as/es de ese entonces a testificar. De hecho, en ese grupo está mi mejor amigo de toda la vida. Lo terrible es que aun cuando haya otras personas abusadas por este profesor en los años que yo sufrí sus abusos, si denunciaron cercano a mi fecha, también podría indicarse como prescrito. La ley no da el ancho. No se honra el tiempo que toma asimilar la realidad. Mi dolor, rabia y deseo de justicia no prescriben. Y si uno no se hace cargo de aquellos sentimientos, el desenlace puede ser fatal. Cuando no te creen, no hay apoyo, ni condena, se arriesga demasiado a las personas, que ya eran vulnerables por edad, poder, clase, etnicidad o educación”, explica Estefanía.
“Mi esperanza, y lo que deseo es que la imprescriptibilidad sea completamente retroactiva, para que personas como él, estén en la cárcel”.
Como cuenta, para ella es súper valioso romper el silencio, pues solo así se pueden detener los abusos. Desde su experiencia ha hecho varias cosas en la facultad universitaria en donde trabaja. Se entrenó y ha dado seminarios de cómo prevenir acosos sexuales en la Facultad, “porque el acoso sexual se seguirá dando, en particular cuando hay dinámicas de poder, muy presentes en contextos académicos”, explica.
“Y en ese largo proceso de cambios, la Fundación fue y sigue siendo luz en oscuridad.
Me sentí respaldada de sol a sol, con muchísimo apoyo profesional y personal. Mi consentimiento ha sido el eje central en todo proceso que la Fundación lleva en mi nombre. Y eso re-significa la forma en que me relaciono con mi entorno, y a su vez mi autonomía, autoestima y empoderamiento.”
Intenta explicar, eso sí que no se siente facultada para recomendar a nadie a denunciar, “porque el camino de sobrevivientes es tan peculiar y específico, que para cada persona va a ser distinto. Yo lo que sí recomiendo es no llevar este peso sola. También recomiendo experimentar distintos formatos para romper el silencio: hablar, escribir, usar expresiones artísticas, entre tantas otras opciones. Cuando empecé a compartir mi historia, a re-vivirla psicológica y físicamente, tuve menos pesadillas y flashbacks. En estos procesos ciertamente pasan cosas emocionales y fisiológicas, apóyense entonces en la Fundación, o en quienes quieran y confíen, porque realmente debemos reclamar nuestra libertad, seguridad, empoderamiento y consentimiento. En este proceso, yo resignifiqué mi existencia.”.
Incidencia política de Fundación para la Confianza
Por: José Andrés Murillo, director ejecutivo Fundación para la Confianza
El año 2011, antes de cumplir un año de existencia, Fundación para la Confianza fue invitada al Congreso Nacional a hablar sobre un proyecto de ley que en esa época era considerado totalmente disruptivo. Este proyecto impulsado especialmente por el entonces senador Patricio Walker, buscaba declarar imprescriptibles los abusos sexuales cometidos contra menores de edad. La propuesta era contracultural al comienzo. El dogma de la prescripción parecía intocable, sin embargo, fueron sumándose activistas, académicos, sobrevivientes y, ante lo que parecía utópico para el 2011, el proyecto fue aprobado por unanimidad del Congreso el año 2019. Se trató de un verdadero y profundo cambio cultural.
- 1990Chile ratifica la Convención sobre los Derechos del Niño
- 2011La Fundación es invitada al Congreso a hablar del proyecto que declara imprescriptibles los abusos sexuales contra menores de edad
- 2019El proyecto se aprueba por unanimidad en el Congreso
En ese cambio, nos fuimos sumando como Fundación a otras iniciativas, personas y organizaciones que luchaban para que Chile contase con un sistema de protección a la niñez y adolescencia acorde a la Convención sobre los derechos del niño que Chile había ya ratificado el año 1990. Un sistema de protección y promoción de derechos, debía contar con una ley que garantizase de manera efectiva lo establecido en la Convención. Esa ley aún no existe en nuestro país. Diferentes excusas han dejado en el olvido cada proyecto de ley. Esperamos que la actual propuesta sea aprobada pronto.
Además, desde hace años necesitábamos contar con una defensoría autónoma de la niñez y adolescencia, entidad que ahora existe, en gran medida gracias a la presión de la sociedad civil y al compromiso de algunos parlamentarios. Chile necesita la presencia de un ente rector en niñez y adolescencia, que coordine las distintas políticas públicas que los involucren. Hoy contamos solo con una subsecretaría con pocas atribuciones y un perfil más bien político que técnico. Lo que buscamos es un ente con atribuciones ministeriales o supraministeriales, que logre llevar adelante el desafío de la prevención y la intervención coordinada de las políticas de niñez y adolescencia.
Lo que la Fundación ha impulsado junto a otras organizaciones
- La imprescriptibilidad de los abusos sexuales contra menores de edad, aprobada en 2019
- Una ley que garantice lo establecido en la Convención sobre los Derechos del Niño, que aún no existía cuando se escribió el libro
- Una defensoría autónoma de la niñez y adolescencia, que ya existe
- Un ente rector en niñez y adolescencia, con atribuciones ministeriales o supraministeriales
Recuerdo bien cuando conversamos con el pedagogo y activista por la niñez, Francesco Tonucci y con el psicólogo y académico chileno Fabián Nichel, que en ese entonces dirigía Fundación para la Confianza, acerca de la necesidad de que el mundo adulto escuchase a los niños y niñas. Y no era solo por ellos, sino por nosotros. Nuestras voces adultas están generalmente viciadas, enceguecidas por el adultocentrismo en el que crecimos y nos movemos. En cambio, la niñez es una voz nueva, una nueva mirada sobre el mundo que crea un nuevo mundo. Uno que no imaginábamos. Cada vez que la humanidad llega a callejones sin salida, son los niños y niñas los que inventan una nueva manera de ver e iluminar, y esa nueva luz muestra la salida, es la salida. Un sistema que promueva y garantice derechos de la niñez y adolescencia no es solo una política social sino estructural. Todos y todas dependemos de ella.
Es poniendo el foco en la niñez que saldremos de la crisis social, política, económica y, especialmente, de salud mental, en que nos encontramos como país. Y para eso seguiremos luchando como organización. Hoy están totalmente vigentes las palabras que Gabriela Mistral escribió el año 1927, en medio de un hastío y revuelta sociales como la que ha vivido nuestro país, nuevamente, desde el año 2019:
“Es posible que en el conflicto social que vivimos, y que es inútil negar, sea la cuestión de la infancia la única que pueda unir a los adversarios en la aceptación de reformas en grande. Muchas veces pienso que por este asunto podría empezar, y no por otro alguno, “la organización nueva del mundo”, porque hasta los peores levantan la cabeza, oyen, se vuelven un momento nobles y acogedores, cuando se nombra al niño. El pudor más tardío acude a la cara cuando a cualquier individuo sin conciencia social se le habla de la miseria de los niños […]”.
Observatorio para la Confianza
Por: Sofía Aliaga, Coordinadora Observatorio Fundación para la Confianza y Benjamín Gálvez
“Es que la verdad, todavía las cosas no cambian”
Con esa frase, Edison Gallardo de 42 años, explica por qué su lucha por detener la vulneración de niños, niñas y adolescentes en Chile continúa, y por qué tuvo como principal motivación detener aquello que él vivió durante su niñez, y que hoy se sigue repitiendo.
Desde que tenía dos años hasta los quince, Edison estuvo en una residencia del Servicio Nacional de Menores (SENAME), y más que una experiencia que lo defina, fue una historia que lo ha hecho —hoy— tomar el valor de alzar la voz por quienes siguen siendo vulnerados y vulneradas de la misma forma que él, en su niñez.
En 2017, su experiencia se hizo conocida de forma pública, con el lanzamiento de su libro “Mi infierno en el SENAME”, donde además de relatar los abusos que vivió, hizo una potente crítica al sistema actual de protección de derechos de la infancia en Chile. Desde ese momento, todo ha sido como una bola de nieve: “yo en un principio solo quería publicar mi libro, lanzarlo y ser un escritor más, y la gente me empezó a adjudicar un compromiso que hasta ese punto no había adoptado. Yo quería seguir mi vida, y me decía a mí mismo “ya, esta es la última marcha en la que participo”, y viene otra, y otra, y así han habido tantas últimas veces que te das cuenta que has pasado cinco años en tus últimas veces. Después me empezaron a invitar a las sesiones del Congreso, y fui a tantas sesiones que ya no sabía cuál iba a ser la última. No te das cuenta en qué momento decidiste comenzar, y de pronto, esto ya es una necesidad, no te puedes salir, ya no te puedes hacer el desentendido”, recuerda Edison.
“La gente te identifica con una causa, y eso te va dando más valor para seguir adelante, porque sabes que si alguien te ataca o no, nunca estás solo”, agrega.
Cuando estaba a punto de lanzar su libro, fue la primera vez que tuvo un acercamiento a la Fundación. Se contactó con James Hamilton para que pudiera presentarlo, “y de ahí forjamos una relación bien importante. Nos entrevistamos un par de veces, hablamos de lo difícil que es ser denunciante, me compartió varios tips para mantener la fuerza”.
Además, “yo me había ofrecido como testigo en los casos de abuso sexual del sacerdote Francisco José Cox, del cual fui víctima, y en el que habían dos denunciantes más, y me fui involucrando tanto que decidí no quedarme fuera de este importante hito, por lo tanto ahí pasé a ser parte de la denuncia contra Cox”, recuerda Edison. Este hecho, dio inicio no solo a una relación de apoyo desde la Fundación, sino que más bien a un vínculo colaborativo, como explica: “he dado seminarios y charlas también de abuso sexual infantil con la Fundación, cuando se tiene que hablar de vulneración de derechos cuentan conmigo, entonces más que nada yo siento que nos hemos ayudado a difundir el mismo mensaje”.
Dentro de la Fundación, comenzó a hacerse evidente que el difundir era un paso, pero que había que ir más allá de mostrar una realidad. Había que generar cambios no solo en la sociedad, sino en la política, en las leyes, en la actitud de los políticos frente a los derechos de la infancia, y en el rol de protección que debería tener el Estado.
Con esa idea en mente, en 2018 nace desde Fundación para la Confianza, el Observatorio para la Confianza que, desde ese año y gracias a una alianza con Fundación Colunga, vigila y hace seguimiento a la situación de los derechos de las niñas, niños y adolescentes bajo protección del Estado.
En Chile, el organismo gubernamental que se encarga de la protección de las niñas y niños que han sido vulnerados en sus derechos, en circunstancias familiares o personales, es el Servicio Nacional de Menores (SENAME). Pero esta institución ha sido muy cuestionada tras darse a conocer una serie de circunstancias en donde se ha demostrado que el Estado no tiene la capacidad real de proteger los derechos de los niños y niñas atendidos bajo la red de esta institución. Estas irregularidades, junto con el profundo dolor y la indignación que ocasionan dichas situaciones, motivó la creación del Observatorio para la Confianza, instancia que busca impactar de forma decidida en la generación de condiciones que permitan que a cada niño, niña y adolescente bajo protección del Estado le sean respetados y protegidos todos sus derechos.
Durante dos años, el Observatorio se ha dedicado a desarrollar investigación y sistematización de información en materia de niñez bajo protección del Estado, publicando hasta septiembre de 2020 siete informes técnicos, once notas técnicas y dos informes anuales que dejan ver el estado de los derechos de las niñas y niños que habitan en residencias de la red SENAME. También ha transparentado y hecho accesible información relacionada con niños, niñas y adolescentes bajo protección del Estado, y a su vez ha incidido en la formulación de políticas públicas con enfoque de derechos, para que así consolide al Estado como garante principal de los Derechos de la Niñez.
- 7informes técnicos
- 11notas técnicas
- 2informes anuales sobre los derechos de niñas y niños en residencias de la red SENAME
- 93medidas por la infancia del gobierno, seguidas en la plataforma Vigilantes por la Infancia
Pero la incidencia para una organización de la sociedad civil nunca es una tarea simple, menos para un Observatorio que levantó su estrategia en la búsqueda constante de generar cambios profundos, y al mismo tiempo, tratar de aportar en la práctica a través de la generación de información y el trabajo técnico. ¿Cómo lograr incidir en una sociedad donde el lobby es tan desigual? Una respuesta que logramos encontrar fue unir fuerzas con otras organizaciones que tuvieran el mismo objetivo.
La articulación se transformó en el eje de la acción de incidencia. La Comunidad de Organizaciones Solidarias (COS), el Grupo Miradas, la Fundación Infancia y la Fundación San Carlos fueron los primeros en unirse para cumplir el objetivo. Con estas organizaciones se trabajó en una propuesta para el proyecto de ley del Servicio de Protección Especializada de la Niñez y la Adolescencia, iniciativa que tuvo un buen resultado: Varias de las recomendaciones fueron sistematizadas e incluidas por la comisión. De esta forma, un trabajo unificado para elaborar propuestas concretas dio frutos.
El trabajo en conjunto, ha permitido reducir la asimetría que se da en la tarea de incidencia en infancia, donde varias corporaciones, organismos acreditados o actores relacionados, están mucho mejor posicionadas que la sociedad civil, que no tiene esa capacidad. En este sentido, la postura del Observatorio es que estos actores pueden incidir, pero no pueden ser los únicos.
“Sentí envidia, la primera vez que escuché del Observatorio, porque yo tenía pensado hacer eso mismo”, recuerda entre risas Edison, quien agrega que, “pensé que se habían adelantado en hacerlo, pero después de que conocí al equipo de profesionales, reconozco que es una entidad que se está preocupando, pero faltan muchas más. Está haciendo por dignidad y contención, lo que el gobierno debería hacer por obligación”.
El Observatorio, sin embargo, no solo ha buscado incidir en el proyecto de ley del nuevo servicio que reemplazará al actual SENAME. Chile es el único país de Latinoamérica y el Caribe que aún no cuenta con una ley de Garantías y Protección Integral de los Derechos de la Niñez y Adolescencia. En esa línea, para el Observatorio nuestro país necesita avanzar urgentemente hacia un sistema de protección integral de derechos de la niñez en donde el Estado respete, proteja y cumpla sus responsabilidades y elabore políticas públicas integrales con acciones coordinadas de promoción, prevención y protección de sus derechos.
Con el fin de hacer seguimiento a la aprobación del proyecto de ley de Garantías y a las otras 93 medidas por la infancia comprometidas en el actual gobierno de Sebastián Piñera, en conjunto con la Fundación Ciudadanía Inteligente, la COS y Fundación Colunga, el Observatorio ha participado de “Vigilantes por la Infancia” una plataforma que le permite a la ciudadanía ejercer control social sobre tomadores y tomadoras de decisiones en materia de infancia, y que mide el nivel de cumplimiento de las distintas propuestas realizadas por el actual Gobierno. El trabajo realizado por esta plataforma, es fuente para diversos parlamentarios y parlamentarias, quienes en varias discusiones utilizan como argumentos los análisis e informes elaborados por este grupo de organizaciones.
Sin embargo, y como asegura Edison con su experiencia en el Congreso, “cada político, cada diputado de este país es una piedra de tope, salvo unos pocos, porque escuchan, se conmueven, pero ahí queda todo. Entonces, tienes a quienes escuchan a las personas que han sido vulneradas constantemente, pero hay varios otros que prefieren escuchar al erudito de Harvard, con magíster en políticas públicas, que tiene empatía con la profesión pero no tiene la experiencia, y no a escuchar a la experiencia misma”.
Continúa, agregando que, “de hecho a veces pienso que esa empatía que muestran cuando nos toca exponer, es fingida, porque siguen actuando de la misma forma. Es un tema de ser políticamente correcto, pero no comprometido, lo que finalmente se concreta en un compromiso partidista con un pensamiento adultocentrista en vez de tener una conciencia social”.
Este año 2020 termina el convenio con la Fundación Colunga, que ha financiado gran parte del trabajo de incidencia y de investigación realizado por el Observatorio. El desafío, por lo tanto, es lograr auto sustentar este gran proyecto, para seguir aportando y logrando avances concretos en el respeto, protección y cumplimiento de los DD.HH. por parte del Estado.
Y en esa línea, el sueño de Edison para el futuro es claro: “yo espero que se disminuya a cero el abuso sexual infantil. Disminuir a cero las vulneraciones es imposible, pero sí es necesario que se aumenten las penas a los abusadores sexuales, sí es necesario que el niño sea considerado un sujeto de derechos, con garantías como las que el gobierno actual está negando y con las que está fabricando a los pobres e ignorantes del futuro.
Se necesitan cambios profundos, porque qué sacas con saber que existen vulneraciones a niños, niñas y adolescentes. Necesitamos un cambio de conciencia, necesitamos valorizar al niño como corresponde, como el futuro de Chile, aunque suene cliché”.
Sobre esta edición. Versión web del libro 10 años por un mundo sin abuso, publicado en PDF por la Fundación para la Confianza en 2021 (primera edición impresa de 500 ejemplares, Ograma Impresores; ISBN 978-956-402-822-4). Director: José Andrés Murillo. Coordinación general: Nicole Del Río. Investigación y redacción: Benjamín Gálvez. Dirección de arte y diseño: Cristhian Sotomayor. Ilustraciones: Jesu Villa y Cristhian Sotomayor. Edición: Natalie Sève. En esta versión se corrigieron erratas y se agregaron gráficos que resumen el contenido; las ilustraciones de las personas que dan testimonio no se reproducen. Las cifras, cargos y referencias legales corresponden a la fecha del libro. Descargar el PDF original
